Obra de Rocío Tisera

domingo, mayo 31

Onírico


Creo que soy
uno de los pocos
que puede llegar a presenciar
en su real dimensión
a ese onírico paisaje
que ahora se encuentra
delante de mí.
Pocas miradas
pueden contemplar
lo que está allí escondido
entre medio de esas calles,
mimetizándose con cada casa
flotando en el aire,
o hasta refugiándose
en lo más profundo,
debajo de las veredas.
Imágenes, aromas, voces,
risas, penas, sueños,
vivencias pasadas
que vuelven hacia mí
murmurando su existencia,
demostrando su victoria
sobre el nefasto olvido.
Por más que el paso del tiempo
intente desvanecer
a cada una de esas imágenes,
ellas no dejan de vislumbrarse,
de revelarse espontáneamente
ante mis húmedos ojos,
que de a poco
se van durmiendo profundamente,
seducidos por la brisa fría
de una llovizna de invierno.

viernes, mayo 29

Submarino nuclear


El cruel tirano de un pequeño país mediterráneo, utilizó el 80% de sus alicaídas arcas para la compra de un submarino nuclear perteneciente a una de las potencias mundiales. Por el evidente hecho que esa nación no cuenta con salida al mar, el submarino tuvo que ser llevado a uno de los pocos lagos que posee esa empobrecida nación. A pesar que desde el lugar en que se encontraba la nueva arma no podía atacar a ningún país limítrofe, en poco tiempo, las naciones vecinas iniciaron una feroz campaña armamentista, intentando equiparar la nueva y sofisticada adquisición. Inevitablemente, como suele suceder en estos casos, la situación desembocó en una sangrienta guerra regional en la que el pequeño país quedó totalmente destruido. Muerte, hambre, miseria, enfermedades, desolación, fue lo que tuvo que sufrir el pobre pueblo por culpa de ese demente y estúpido tirano, que por cierto, aún sigue en el mismo lugar, o sea, en el poder, aplicando ahora más mano dura sobre la gente. También sigue en el mismo sitio el famoso submarino nuclear, en ese pequeño lago de ese pequeño país, sin que haya disparado aún ninguno de los costosos torpedos con que viene equipado…

miércoles, mayo 27

Tengo


Tengo un extenso catálogo de todo lo que tengo, de todo lo que perdí, de todo lo que quise y de todo lo que alguna vez quise perder. Estos son algunos ejemplos:
-Tengo los alfileres preparados para el momento del maleficio. Es solo cuestión de tiempo, mi amor, para que empieces a sentir lo que quiero.
-Tengo la gota de alcohol que avivará el dormido fuego en mis entrañas. Pronto, muy pronto, voy a comenzar a arder.
-Tengo el agua fresca que hoy calmará mi terrible sed. Es el agua misma que mañana me hundirá en su letal profundidad.
-Tengo una vela, una única vela que acaba de apagarse por culpa del fuerte viento que abrió mi ventana. Esa llama se apagó y todo en mi cuarto fue silencio y todo fue desolación.
-Tengo todas mis fichas listas para ser apostadas al perdedor. Si, al perdedor. Porque el no creer en el azar me lleva inexorablemente a creer en los milagros.
-Tengo la plena seguridad de que aprendí muy poco de los diablos y mucho menos de los viejos. Esto va en serio.
-Tengo tanta paciencia que hasta puedo dejar que me pegues primero, pero nunca que me pegues dos veces.
-Tengo la perspicacia necesaria para poder advertir que no se halla en tu mirada ese brillo asesino del que tú tanto te jactas. Ya no te temo.
-Tengo una mullida cama, cálida y suave, que me induce a dormir profundamente, y me invita a escapar de la agobiante realidad que me acecha. Esa es la entrada al universo de los sueños que ahora voy a utilizar.
Tal como dije, tengo un extenso catálogo de todo lo que tengo, de todo lo que perdí, de todo lo que quise y de todo lo que alguna vez quise perder. Algún día, revelaré más.

lunes, mayo 25

Añoro tu presencia


Añoro tu presencia,
me destruye
tu ausencia,
aunque tengo
bien en claro
que si hoy
estuvieras a mi lado,
nunca,
jamás,
sería lo mismo.
Sucede
que yo extraño
a la persona
que tú eras,
que tú
solías ser,
en aquellos
días tan lejanos,
en que tu y yo
éramos,
precisamente,
ni más ni menos,
que otras personas.

sábado, mayo 23

La soledad es...


La soledad es una llave que nos mantiene prisioneros en un lugar en donde los carceleros somos nosotros mismos.
La soledad es regresar a un mágico vientre para comenzar a vivir de nuevo.
La soledad es esperar que llamen a nuestra puerta, aún sabiendo que nadie va a venir a buscarnos.
La soledad es sentir que muere el día de hoy, y que continuamente resucita el ayer.
La soledad es vivir entre sombras que asfixian, y entender que el silencio ha sido tu respuesta definitiva.
La soledad… ¿Sabés que es la soledad? Es la inercia que me lleva irresistiblemente, a ir en busca de tus labios.

jueves, mayo 21

El doble


En el mundo existen muchas personas que son egocentristas, vanidosas y egoístas, o de mucha autoestima y amor propio, o pedantes y hedonistas. Bueno, Ramiro Goycoechea, el protagonista de la historia, comprendía, él solo, la totalidad de esas cualidades. Él estaba prácticamente enamorado de si mismo, de su cuerpo, de su inteligencia, de su carácter…
Tanto es así, que su casa estaba llena de espejos para poder contemplarse mientras realizaba cualquiera de sus quehaceres diarios, por lo que podía presenciarse mientras comía, mientras se bañaba, cuando lavaba los platos, y no solo eso, ¡también cuando hacía sus necesidades!
A Ramiro Goycoechea le encantaban muchísimo las reuniones sociales, ya que ellas eran excelentes oportunidades para poder explayarse del tema que más conocía y admiraba: él mismo. Sin embargo, no solía ser invitado mucho a las fiestas de sus conocidos debido a que absolutamente nadie lo soportaba, y ya pueden imaginarse el porque de esa reacción. Es que si de él dependiera, estaría horas y horas hablando acerca de su inteligencia, de su gran poder físico, de su carisma, de su cultura, su sensualidad irresistible…
A pesar de todo, acostumbraba a tener suerte con las mujeres, quienes se sentían atraídas por él, no tanto por su forma de ser, sino porque ellas solían creer que era un hombre que contaba con una gran fortuna, a juzgar por la manera distinguida con que se comportaba.
Su vida transcurría apaciblemente, y era en realidad la persona más feliz y segura del mundo, ya que tenía la tranquilidad de que nunca podría perder a la persona que más amaba en el mundo, o sea, él mismo.
Por lo tanto, jamás habría imaginado que algún día, todo ello iba a cambiar.

Una tarde, caminando por el centro de la ciudad, creyó verse reflejado en un espejo colocado en la parte exterior de un local comercial. Lo extraño, es que se vio vistiendo una ropa totalmente diferente. Mientras él llevaba una camisa blanca, pantalón de vestir gris y zapatos negros, su reflejo llevaba puesto una remera negra, pantalón de jeans, bastante sucio y gastado, y un par de zapatillas de lona de color incierto, debido a la cantidad de tierra y mugre que llevaba encima.
Ramiro quedó anonadado observando como alguien igual que él conversaba y se reía con una muy bonita joven. Obviamente, esa persona que estaba viendo no era él. Pero a su vez, le llamaba poderosamente la atención de que la ciudad de Córdoba pudiera albergar a dos personas tan perfectamente idénticas.
Por la inesperada situación y por la sorpresa de la que aún no podía recuperarse, no atinó a preguntarle nada, ni a seguirlo para saber donde vivía, ni siquiera, a llamar la atención para saber que reacción tendría el otro al observarlo. Rápidamente, su doble se perdió entre la gente que caminaba apurada y torpemente a esa hora de la tarde.
Ramiro tomó un taxi y volvió a su casa, notablemente shockeado y víctima de una fuerte depresión. Se recostó sobre la cama e intentó tranquilizarse, pero solo luego de tomar un calmante consiguió dormir.

Cuando se despertó al día siguiente, quiso imaginar que todo había sido un mal sueño y nada más que eso. “Es imposible que exista otro yo. Yo soy único”, pensaba Ramiro. “Dios no puede haber creado otro Ramiro, cuando me hizo estoy seguro que Él, en su infinita sabiduría, rompió el molde”, se consolaba. Esa misma noche, como lo hacía todos los sábados, se vistió elegantemente y usó casi tantos cosméticos y cremas como lo podría haber hecho una mujer. Pasó por el estilista para que le hiciera un “raro peinado nuevo”, y de paso, se sometió a una sesión de manicura. Y gracias a Dios, ya se había olvidado por completo de lo que le había sucedido el día anterior. Al fin y al cabo, todo se trataba de una simple casualidad, algo a lo que el común de la gente nunca le llevaría el apunte. Además, siempre estuvo convencido de que como él, no había nadie en el mundo. Nadie.
Pero esa misma madrugada, una vez dentro del exclusivo pub del que era habitué, lamentablemente, volvió a ver a su doble. El impostor, su gemelo, imitador o lo que fuere, estaba en esta ocasión en el sitio VIP que le pertenecía a Ramiro, con un grupo de personas a los que, una vez cerca, pudo identificar como a su mismísimo grupo de amigos.
Si bien todo pudo deberse a un mero y simple capricho del destino o del azar, Ramiro retrocedió apurado hasta encontrar por fin la salida, y subió a su auto para escaparse de ese lugar lo más pronto que podía.

Las situaciones se dieron de una manera tan particular que hicieron que el engreído tuviera finalmente la razón. Dios, de un día para otro, había optado por romper el molde de una vez por todas. Ramiro estrelló su auto contra un frondoso árbol mientras iba conduciendo su coche alocadamente por la ruta. Los peritos de la policía constataron que la aguja del velocímetro había quedado clavada en 200 kilómetros por hora, tal la velocidad en que marchaba hasta la fatal colisión.
¿Quién era su doble? ¿Un hermano desconocido? ¿Alguien que quería robar su identidad? ¿Un alienígena usurpador de cuerpos? ¡Quién puede saberlo! Lo cierto es que a nadie le importó mucho, realmente. Porque nadie lloró la muerte del verdadero Ramiro Goycoechea. Y es más, muchos festejaron a este nuevo Ramiro Goycoechea, que es mucho más simpático, agradable y humilde, sobre todo humilde, que el anterior…

martes, mayo 19

Reciclando


Hace tiempo que ya no queda absolutamente nada por inventar, ni por descubrir, ni por ingeniar, ni por crear. Tan solo nos limitamos a reciclar, digitalizar y colorear, cortamos y pegamos, o en el mejor de los casos actualizamos, todo lo que alguna persona ya lo ha imaginado hace muchos años atrás. Este pensamiento, por ejemplo, y sin ir muy lejos, se lo robé a alguien que a su vez ya lo había copiado vaya a saber uno de donde.

domingo, mayo 17

Ánima en pena


Soy un fantasma apenado
que debe sobrellevar
por toda la eternidad
la maldición de poder verte dormir
y de poder compartir tu cama,
pero nunca poder tocarte.
Soy un fantasma errante
que cada una de las noches
murmura suaves palabras en tu oído,
pidiéndote con insistencia
que al menos una vez,
lo dejes dormir entre tus brazos.
Soy un fantasma iluso
que cuenta las horas que faltan
para que llegue el amanecer,
mientras sueña con el bello día
en que el sol nos encontrará amándonos,
escondidos bajo sábanas blancas.
Soy un fantasma obstinado,
ánima en pena vagando por tu cuarto,
y tú ni siquiera sabes que yo estoy allí,
contándote cada uno de mis secretos,
confesándote cuanto te extraño,
hablándote cada noche en forma de sueños…

viernes, mayo 15

El Libro Mágico


Kurt Morrison tuvo una obsesión que lo mantuvo ocupado durante toda su vida: la creación de un libro que tuviera la particularidad de que este comenzara en cualquier página (o sea que la historia pudiera ser contada a partir de cualquier página al azar) y que esta pudiera darse por terminada, con un final coherente, en cualquier parte de la obra, algo muy significativo para aquellos lectores que, ya sea por sueño, cansancio, aburrimiento o por tener que realizar otras actividades, decidiese cerrar de pronto el libro.
Obviamente llevar adelante esta tarea no fue nada fácil y le consumió al pobre de Morrison la mayor parte de su existencia. Escribió miles de volúmenes de las mas variadas temáticas, pero no alcanzaba a lograr el efecto que buscaba. Siempre había algo que fallaba en alguna parte del libro que hacía fracasar su intento. Experimentó con diversos tipos de novelas y narrativas, intentó con la novela histórica y hasta con una novela autobiográfica.
Recién cuando cumplió los setenta y dos años de edad, Morrison logró lo que tanto anhelaba. Por fin había podido escribir el Libro Mágico por el que tanto luchó. Pero luego de leerlo y releerlo de diversas maneras para comprobar que funcionaba, su salud comenzó a debilitarse. Como si fuera una maldición, la culminación de su labor lo había llevado inevitablemente a la tumba. Kurt Morrison había escrito una obra monumental que se asemejaba al movimiento continuo, un libro que al comenzar y terminar en cualquier parte, no contenía ni principio, ni fin. Lamentablemente, solo un par de personas, aparte de él lograron leerlo. Uno fue su hijo John, que enloqueció apenas terminó de leerlo y al día de hoy se encuentra internado en una institución siquiátrica. El otro lector fue Luca, el hermano Morrison, que apenas cerró el libro se dirigió hacia su casa, tomó un arma, bajó el sótano y se disparó en la sien.
Luego de estos sucesos, un allegado a la familia cuyo nombre no se reveló, desapareció con la obra sin saberse que fue lo que finalmente hizo con ella. A la luz de los hechos, si de él nació la decisión de destruirla, puede decirse que tomó la medida correcta.

miércoles, mayo 13

Diez pensamientos inútiles -Parte 5-


1- Lo bueno siempre es breve y eso no lo hace el triple de bueno.
2- “Lo bueno si breve, dos veces bueno”, así se excusaba un eyaculador precoz.
3- Las mujeres deben saber que el machismo no descansará hasta ver que un travesti lidere el movimiento feminista.
4- Había un tipo que solía decir que el acostumbraba a viola todas las normas. Yo creía que él era un rebelde, pero no. En realidad era un maniático sexual que abusaba carnalmente de todas las mujeres ¡llamadas Norma!
5- Existen millonarios pervertidos que pagan para ver como otro tipo se acuesta con su mujer. Esos estúpidos no saben que para eso no hace falta pagar.
6- Ante la clásica pregunta de cuales serían los libros que me llevaría a una isla desierta, lo más probable es que serían La Biblia, El Corán, La Tora, y todos los otros libros religiosos del mundo porque del cagazo que tendría, me la pasaría rezando día y noche...
7- La prueba más contundente de que el tiempo es relativo, es lo corto que se hacen las dos horas de un turno de Hotel junto a una mujer. Esto es más práctico que leer las obras completas de Einstein.
8- “Nunca olvides que siempre contaras con mi apoyo”, solía decir un degenerado en el ómnibus.
9- A mi me gustaría que mi novia, mas que vivir siempre celosa, viviera siempre en celo.
10- Esta comprobado que los miembros sexuales masculinos si son largos, son propensos a sufrir de impotencia ya que necesitan de mayor presión sanguínea para erectarse. Con esto, Dios compensó a todos los que no se encuentran entre los más dotados. Menor tamaño, si… ¡Pero mayor duración y confiabilidad!

lunes, mayo 11

Negro café


Endulzo
el negro café
que humea sobre la mesa
con una generosa
cucharada de demencia,
de rica locura,
y tengo
la tenue sospecha
de que hoy
todo va a salir perfecto,
de que este
será un día sorprendente.
Bebo
el café caliente
que quema mis labios,
y así termino
de despabilarme,
de despertarme
de una vez por todas,
y estoy feliz,
muy feliz,
porque ahora,
en este momento,
me siento más loco que nunca.
Ahora si,
estoy en condiciones
de salir a la calle.
Ahora si,
estoy dispuesto
a contemplar el mundo…

sábado, mayo 9

Diez pensamientos inútiles -Parte 4-


1- Es imposible ganarle a la muerte mientras juegue en su equipo el tiempo. Y para colmo nosotros jugamos solos.
2- Conozco a alguien que piensa que a las mujeres se las puede reemplazar con una muñeca inflable a la hora de tener sexo y con un tubo de ensayo en el momento de engendrar niños. Si, es machista.
3- Creo que ya hemos llegado al crítico punto de que el smog no nos deja ver la contaminación.
4- En el reino de los castrados, ¿el impotente es el rey?
5- Hay gente que pretende vender su alma. Yo, al contrario, ni recuerdo cuantas son las cuotas que estoy atrasado por la compra de mi alma.
6- No se quién dijo que ningún matrimonio es feliz, lo que sucede es que hay gente que sabe disimular mejor. Muy gracioso. Muy cierto.
7- ¿Cuando será el día en que nos daremos cuenta de que nada es gratis en este mundo y que tarde o temprano terminan pasándonos la factura?
8- “No a la violencia... ¡sin sexo!”, arengaba un sadomasoquista.
9- Eva, la primera mujer, fue creada a partir de una costilla de Adán. Hoy, yo me desquito por todos los hombres. Vivo a costillas de mi mujer.
10- La otra tarde, un amigo me hizo el comentario de que el verdadero rostro de una mujer solo lo podemos ver luego de habernos acostado con ella. Si, este es mi amigo machista, otra vez.

jueves, mayo 7

Todo tiempo pasado...


Cuando me pongo a recordar las mujeres (bah! tampoco son tantas) que he conocido a lo largo de mi vida, no se porque siempre tiendo a visualizarlas en la mente más bellas de lo que realmente son, más fogosas de lo que eran en realidad y por sobre todo, no se porque tiendo a creer que todas ellas en la cama eran únicas e inigualables, por más que en el fondo sepa que esto no es para nada cierto. ¿Por qué uno siempre idealiza todo lo vivido años atrás y termina pensando que todo tiempo pasado fue mejor? Y por otra parte, aunque con suerte sea solo una de ellas la que me recuerde, ¿le pasará lo mismo? ¿En su recuerdo yo seré más atractivo, más seductor, más inteligente, más simpático de lo que soy en realidad? La verdad es que esto no se si es un buen consuelo…

martes, mayo 5

Tres cosas por decirte


Decidí escribir todo lo que brota de mi pecho, todo, porque si intentara decírtelo correría el riesgo de que tus labios de pronto me interrumpieran y me callaran. Así, de esta manera, podré escribirte, y decirte, estas tres cosas que siento y me abruman:
-Se que tu boca es el agua fresca que ya nunca más volveré a beber. Pero igual, mi traidora memoria sigue desbordándose de recuerdos en el que tú estás presente. Y me duele. Me dueles. Tú eres una pena que llevo encarnada, que lastima, pero que no puedo ni quiero sacar de mí.
-Si al menos me revelaras porque me abandonaste, quizás te diría porque razón algún día tú podrías volver. Pero me dejaste sin ofrecerme ni una sola explicación, y ahora no se como evitar que la historia que vivimos termine de esfumarse y de diluirse en la nada, y tampoco se como impedir que el pasado que compartimos quede disecado en viejas cartas y fotos que solo logran angustiarme más.
- En el aire ya no queda ningún perfume que me recuerden a tu amor. Pero las palabras del ayer aun quedaron revoloteando por nuestro cuarto. Y cuando el silencio de la noche es grande y por momentos logro respirar con calma, las puedo volver a escuchar, una y otra y otra vez. Por eso no puedo olvidarte, por más que tu mirada hoy sea tan distante que haga estremecer mi carne, por más que tus manos estén tan frías, casi tan frías como lo es tu sangre.
Decidí escribirte estas tres cosas a ti, la prójima que más quise amar como a mi mismo. No se si te mereces tanta sinceridad, tanta franqueza, tanto amor. Realmente, no lo se.
Pero aquí puedes leerlas. Y aquí, no puedes callarme.

domingo, mayo 3

El diablo del abogado


Él se hallaba de pie en el medio de la sala que durante unos seis años le sirvió de estudio jurídico. A su derecha, sus pertenencias se encontraban dentro de una caja.
Estaba a punto de quitar de la pared el diploma que lo habilitaba como abogado:
“Doctor Mario González Lazarte”, pero luego de meditarlo por algunos segundos desistió de la idea. Se dirigió a la caja para revisar los objetos que allí había guardado y sacó de ese revoltijo de cosas una pesada arma. Constató que siguiera cargada como lo había estado todo ese tiempo (“por seguridad personal”, solía decir) y la empuñó firmemente con su mano derecha. En ese instante su mente se puso en blanco, sus dientes se apretaron con furia y así, cerrando los ojos, apretó decidido el gatillo. …pero el estallido no se produjo y la bala no salió disparada. Intentó hacerlo otra vez, una vez más, jaló del gatillo infinidad de veces, pero el destino le volvió a negar su fatal deseo. Furioso, lanzó el arma contra la pared, maldiciendo el momento en que decidió comprarla. Abatido, se dirigió al amplio ventanal por el cual se observaba el Boulevard Illia, investigando si era factible arrojarse desde allí. Pero desde esa corta altura, estaba en un segundo piso, lo más probable es que de arrojarse terminaría llevando su humanidad a una silla de ruedas, con los huesos rotos, pero aún vivo. Entonces se sentó en el piso, desahuciado, vencido, apoyando su cabeza entre sus rodillas, intentando clarificar su mente, calmar sus pensamientos… Hasta que sus ojos de manera extraña comenzaron nuevamente a brillar, a la vez que una sonrisa maliciosa se le instalaba en el rostro. Rápidamente se puso de pié, y se dirigió a hacia donde había arrojado el revolver. Lo tomó, lo observó detenidamente y murmuró la inscripción que poseía en la misma empuñadura: “Bush Corporation”. Tomó la caja con sus pertenencias y abandonó el edificio, con el revólver descansando en el bolsillo derecho de su saco. “Tú me vas a salvar”, dijo sonriendo, mientras lo palmeaba disimuladamente. Llegó a su departamento, salvado casi de milagro del embargo que le entabló su ex­-esposa y comenzó a redactar, en una vieja máquina de escribir (ya que también sufrió el embargo de su computadora) la carta documento con la que iniciaría la demanda legal contra “Bush Corporation”, aduciendo la publicidad engañosa y la estafa que sufrió al comprar un producto comprobadamente deficiente y defectuoso.

El juicio, de cifras millonarias, fue zanjado en poco tiempo por una jugosa compensación presentada por la compañía intimada, sumamente beneficiosa para el abogado.
De esta manera, él podía terminar totalmente con los problemas financieros que le aquejaban luego de su desastroso divorcio.
Tres meses más tarde, retiró del banco todo el dinero que había ganado por el pleito.
Se compró una ostentosa Ferrari deportiva de color roja, con la cual recorrió las sierras cordobesas por un mes entero. Se compró un impresionante chalet en Carlos Paz, en donde todas las noches organizaba las orgías más escandalosas e inmorales que se hubieran realizado en esa villa turística, por las cuales desfilaban las prostitutas más jóvenes y bellas, y por lo tanto más caras, de toda la provincia. Se vistió con los trajes más lujosos, compró los manjares más exquisitos, bebió los whiskys más caros, probó las drogas más puras y potentes… pero también se compró un costoso revólver calibre cuarenta y cinco, el más preciso, el más letal, el más mortal… y al final, solo para terminar con el trabajo, se voló la cabeza, tal como lo había decidido un buen tiempo atrás.

viernes, mayo 1

Por el amor de ella


Para conseguir el amor de ella, ¡Bah!, en realidad, para acostarme con ella, gasté muchísimo dinero invitándola a pubs, cenas, viajes, le ofrecí costosos regalos y presentes. Acepté conocer a su familia y tuve que mantener largas y tediosas conversaciones con los padres de ella, soportar a sus insufribles cinco hermanos menores, aguantar a su cargoso y baboso perro, acariciar a su arisco e inquieto gato. Eso, sin mencionar que con el tiempo me cansé de escuchar las incoherencias que ella continuamente habla y las estupideces que ininterrumpidamente hace, y de soportar las concurridas fiestas familiares y los aburridos paseos al campo de sus abuelos, y de llevarla al cine a ver esas tediosas y cursis películas que tanto le gustan, y de sufrir esa pedorra música romántica que siempre escucha y de tener que darle siempre la razón, por más que sepa que no la tiene.
Pensándolo bien… ¿No me convendría más pagarle cien pesos a una linda prostituta, una vez a la semana, en vez de tener que soportar toda esta tortura, todos los días, a la expectativa de algo que quizás no ocurra?
Yo me estoy convenciendo, poco a poco, que si…

miércoles, abril 29

El aguila


Hacía mucho tiempo que quería hacerme un tatuaje. El problema era que no tenía bien en claro con cual quedarme. Buscaba algo que fuera original, único, impactante, con personalidad. Después de un año de búsqueda, finalmente logré encontrar un diseño que me terminó de convencer. Hallé ese dibujo de casualidad en medio de un montón de revistas de historietas. Estaba en una peluquería, esperando mi turno, y apenas lo vi no lo dudé, me agaché un poco, fingiendo leer para ocultarme tras una planta que estaba sobre una mesita ratona, y de un rápido tirón arranqué esa hoja de la revista. Inmediatamente cambié de planes y en lugar de cortarme el cabello, que buena falta me hacía, me dirigí a un local que un amigo tenía en el centro comercial.
Mientras caminaba, me llevaba todo por delante, porque no dejaba de contemplar aquel impactante dibujo: un águila gigante de metal, con ojos rojos y brillantes, llevando en pleno vuelo, una doncella desnuda entre sus garras. Ya podía imaginármelo en mi brazo derecho, luciéndolo con orgullo, mientras todos mis amigos me preguntaban intrigados donde había conseguido ese dibujo.
Nueve cuadras más adelante, llegué a mi destino. En el local, además de tatuajes, se podían conseguir buenos cds, dvds, remeras y revistas de rock, por lo que siempre era un lugar muy concurrido por los chicos del barrio. Apenas ingresé, una figura me dejó perplejo.
Una morocha de ojos celestes, que estaba pagando en la caja un dvd de La Renga, me derritió con su mirada. No podía dejar de contemplarla y me había quedado realmente atónito. Pero hubo un detalle que me dejó más pasmado. Su musculosa roja dejaba ver en su brazo derecho un tatuaje: era un águila gigante de metal, con ojos rojos y brillantes, llevando en pleno vuelo, un hombre desnudo entre sus garras…
A pesar de mi timidez, que suele potenciarse aún más cuando delante de mí hay una mujer de semejante belleza, se me hizo inevitable detenerla y hablarle, aunque en realidad fue “tartamudearle”.
-Discúlpame, pero no pude evitar dejar de ver tu tatuaje. Está fabuloso. ¿Quién te lo hizo?
-Ah, el tatuaje… me lo hice en este lugar, creo que se llama Lucas.-Dijo ella con la voz más dulce que había escuchado en mi vida.
-Si, lo conozco, es amigo mío. Vos sabes que…mirá la casualidad, esto es lo que yo venía a tatuarme…
Y de mi mochila saque el mismo dibujo del águila. Ella comenzó a reírse y sus ojos parecían hacer brillar su hermoso rostro.
-¿Cómo te llamas? -Le pregunté ya más resuelto, envalentonado por su sonrisa.
-Carolina, bah, todos me dicen Caro.
Y volvió a sonreír.
-Yo me llamo Maximiliano, por lo tanto, todos me dicen Maxi.-Le dije sonriendo y ya jugado por jugado continué diciéndole- Caro, te invito al bar a tomar algo ¿qué opinas…?

De más está decir que no me tatué el águila. Por lo visto, seguramente que no fui el único en ver aquella revista de historietas. Tuvieron que pasar dos años más para que, al fin, encontrara el tatuaje que me dejará satisfecho por completo. Hoy lo luzco orgulloso en mi brazo derecho. ¿Qué me tatué? El bello rostro de Caro. Mi mujer.

lunes, abril 27

Diario íntimo


Durante mi juventud, y a lo largo de muchos años, dejé reflejadas las experiencias y pensamientos de cada día que transcurría en un cuaderno que mantuve oculto de los ojos de mi familia. Pasó el tiempo, y un día, uno de mis hijos, el más grande, me confesó en una charla casual que sin querer, buscando un libro en el desván, había encontrado uno de los tantos diarios que solía escribir y que no había podido evitar caer en la tentación de leerlo. Él aprovechó ese comentario para hacerme una pregunta, bastante extrañado por cierto: “Papá ¿porque escribiste tu libro solo de lunes a viernes y todas las hojas que correspondían a los sábados y domingos quedaron en blanco, sin una sola palabra escrita?” Yo, algo incómodo, le respondí rápidamente: “Porque en aquellos años, hijo, yo era muy religioso y al ser mitad judío por parte de mi madre, mitad católico por parte de mi padre, consagraba todo el sábado a Jehová y todo el domingo a Dios, por lo que no me quedaba mucho tiempo para hacer otra cosa salvo que orar”. Mi hijo, al parecer, quedó satisfecho con mi respuesta, sin imaginar que todo se trataba de una burda y cobarde mentira. Por supuesto que no podía decirle a mi querido hijo que esas hojas de mi diario estaban en blanco porque también se encontraba totalmente en blanco mi intoxicada mente, luego de aquellas largas y bizarras noches de alcohol, drogas y desenfreno… ¡Y bueno, que le iba a hacer! Yo era muy joven por entonces…

sábado, abril 25

Tratado sobre religión

(Ilustración: Rocambole)


En verdad, no recuerdo mucho sobre el accidente. Solo tengo en mi cabeza unas vagas imágenes de un auto destruido dando interminables tumbos a un lado de la ruta. Creo que se trató de un accidente que involucró a varios vehículos. No se, solo tengo esa sensación. Recuerdo un rumor de voces desconocidas alrededor de mí y luego solo la oscuridad.
El vacío duró por algún tiempo, aunque no puedo precisar si se trató de un minuto o de un siglo. Solo se que de pronto, de la nada, apareció una luz y yo, en lugar de quedarme en ese tranquilo universo negro, fui sin dudarlo tras ese punto brillante, no porque estuviera seguro de algo, sino por simple curiosidad. Caminé hacia la luz, sin ningún obstáculo la atravesé y de pronto me hallé ante una muralla que parecía elevarse infinitamente hacia las alturas.

Un amplio portón con rejas que parecían estar hechas de oro puro, dejaba ver un verde y frondoso bosque que llenó mis sentidos de vivos colores, de aromas dulces y suaves, de sonidos agradables y por sobre todo de una calma que me relajaba hasta casi adormecerme. En el ingreso de esa fortaleza que protegía ese paraíso, un viejo se hallaba sentado dentro de una garita, llevaba uno de esos tradicionales uniformes que suelen vestirlos guardias de seguridad. Cuando ese señor advirtió mi presencia, se puso lentamente de pié, tomando al mismo tiempo una carpeta que se encontraba sobre el escritorio. Yo me acerqué hasta el portón y apoyé mis manos en las doradas y brillantes rejas. El viejito se acercó a mí, acomodándose la gorra azul y luego de limpiar muy cuidadosamente sus lentes, comenzó a preguntar.
- ¿Cual es su nombre?
- Mi nombre es Stavniel Iser.
El viejo se volvió a sacar los lentes y volvió a limpiarlos hasta que él pareció finalmente convencido de que en los cristales ya no quedaba ninguna suciedad.
-¿Usted es Stavniel Iser? ¡Un placer conocerlo! Así que usted es quien escribió que “…el hombre es un animal, más evolucionado, pero un animal al fin. Un caballo, al morir ¿Va al cielo o al infierno? ¿Hay animales buenos o malos? Dicen que los animales, a excepción del hombre, aunque él es un animal, no tienen alma. ¿Por qué están tan seguros? ¿Será porque no hablan, no razonan? De ser así, una persona que nazca con problemas neurológicos o con algún retraso mental, o las que se encuentran debido a un accidente en vida vegetativa, ¿tampoco tienen alma? ¿Y si el alma no existe? Si el alma no existe tampoco existe el cielo, ni el infierno…. ¿Y si Dios no existe..?”
-Si, es así, yo lo escribí – Contesté con algo de vanidad.
El viejito se quitó los lentes y me volvió a mirar. Parecía estar algo malhumorado.
-Y es él que escribió también que “…si Dios es perfecto, si Dios ve todo y sabe todo y puede hacer todo y es todopoderoso, infinito e invencible. ¿Por qué nos hace sufrir? ¿Por qué permite que pasen todas las catástrofes, desastres naturales, guerras, injusticias, etc., etc.? Si él sabe todo lo que va a pasar ¿Por qué permite que todas esas desgracias sucedan? Dicen los teólogos que es para que nosotros aprendamos con la experiencia. ¿Usted dejaría que sus hijos se maten, se torturen, se roben, se violen, solo para que aprendan de esas experiencias? ¿Aprender que? Hubiese sido más fácil, ya que Dios es perfecto, que de una sola vez el hombre hubiese sido creado perfecto, a no ser que nuestra deidad se trate de un ser cínico y malvado que goza viendo sufrir a su creación....”
En ese momento, ya no estuve muy convencido de decir que si. Pero opté por reconocer la verdad.
-Efectivamente, eso lo escribí en mi último libro “Tratado sobre religión”.
-Por lo tanto, usted también expuso en esa misma obra que “…suponiendo que Dios existe y que es lo más perfecto, puro y poderoso, es muy insensato pensar que nosotros, seres grotescos, impuros, imperfectos y por sobre todo viles, pasemos de este estado material y burdo a situarnos al lado de lo más todopoderoso del universo. Me parece que no es que nos estemos elevando hacia Dios, sino que a Dios lo estamos bajando al nivel del hombre. Me parece contradictorio pensar que una persona que robó, mató o violó, con solo creer en Dios y rezar, reciba el perdón divino y se gane el paraíso. En este tema, la religión pone en igual nivel al que vivió sin pecar y al que se pecó todo. Esto del perdón celestial no deja de ser otra cosa que un indulto para hacer lo que se nos cante sin cargos de conciencia…”
Cuando ese extraño anciano terminó de decir estas palabras de manera hosca y antipática, percibí que me encontraba en un aprieto.
-Y… Si, es así exactamente, usted lo ha dicho en forma textual, palabra por palabra. Tiene una memoria asombrosa.
-Aja. Eso suele decir la gente que me conoce… Bueno, de acuerdo a mi memoria, usted continúa su diatriba con palabras como “…si Dios está en todos lados ¿Por qué es necesaria la construcción de iglesias? ¿Por qué la mayoría de las iglesias son edificios refinados, que en su mayoría hacen ostentación de objetos valiosos, si en todas las religiones se habla de que la única manera de llegar a Dios es dejando a un lado lo material? Cada iglesia, cada religión, ejerce una parte del poder sobre una nación o una región. Nadie quiere perder esa posición privilegiada en la toma de decisiones de un estado...”
Después de esto, me di cuenta que definitivamente me hallaba en problemas.
-Efectivamente, eso es lo expongo en mi ensayo.
Cuando el viejito terminó de preguntarme, repreguntarme y de anotar en su planilla todas mis respuestas, y sin mostrar en su rostro ningún tipo de sentimiento ni emoción, me habló con voz grave y un poco cansada.
-Lo siento don Iser, pero en este reino no hay lugar para usted.
Un cartel colocado en un extremo del portón decía con letras claras y doradas “La casa se reserva el derecho de admisión”. Fue lo último que alcancé a ver en aquel onírico y hermoso lugar, porque de pronto volvió la oscuridad total y el silencio absoluto.

Un nuevo punto blanquecino apareció repentinamente y comenzó a ensancharse ante mis cegados ojos. Nuevamente, fui hacia él y me introduje temerariamente en ese resplandor. Aparecí en un lugar desolado, lleno de escombros y de inmundicias, un escenario semejante a una de aquellas grandes ciudades destruidas por la furia de la guerra.
El cielo se encontraba cubierto por unas densas y rojizas nubes que aparecían intimidantes ante mis sorprendidos ojos. En el aire flotaba un tufo que olía a sangre, a corrupción, a muerte. Hallé a un hombre desagradable y de mal aspecto, sentado sobre el tronco de un árbol caído, que se encontraba en llamas. Él parecía no sufrir el fuego y se lo veía calmo y distendido. Cuando advirtió mi presencia se sonrió burlonamente. Su rostro, aún lleno de arrugas y cicatrices, le hacía aparentar no más de cincuenta años. Sus ropas aparentaban ser aquellas que suelen vestir los mendigos y vagabundos en cualquier ciudad del mundo, pero su forma de hablar era correcta y distinguida. A pesar de todo, daba la sensación de ser una persona importante y poderosa.
-¡Bienvenido a mi reino! Por lo visto no ha sido una agradable recepción la que tuvo en el otro lado, pero no se preocupe, aquí a todos los recibimos con los brazos abiertos. ¿Cuál es su nombre, amigo?
-Mi nombre es Stavniel Iser. ¿Por casualidad, esto no es el…?
-¡Ah! Tú eres el mismo Stavniel Iser que escribió que “…una persona que profesa alguna religión, puede matar, robar, pecar y sin embargo recibir el perdón de Dios e ir al paraíso. Una persona atea o que no practica ninguna religión y que jamás robó, mató o pecó, para las distintas iglesias termina ardiendo irremediablemente en el infierno. La religión, por lo tanto, es una inmunidad para atentar contra nuestros prójimos sin sentir luego cargos de conciencia…”
-Si, yo lo escribí –Dije de mala gana, pero ya curado de espanto.
-Me parecía. Entonces fuiste tú el que también publicó que “…cada vez es menor la cantidad de gente que practica o que pertenece a una religión. Sin embargo cuando alguien dice que Dios no existe, todos se vuelven locos. En realidad, ellos tampoco creen mucho en Dios, ya que si creyeran en Él, vivirían respetando, al menos, los preceptos básicos de buen comportamiento y sanas costumbres y ni hablemos de los mandamientos… Si la gente peca sin miedo, es porque no teme el infierno, porque no cree en el infierno. Si no existe el infierno tampoco debería existir por lo tanto el paraíso. Y si no creen en el infierno ni tampoco en el cielo… ¿Es por que tampoco creen en Dios...?”
-Está en lo correcto.
-Pero mire que interesante… A mi personalmente me llama mucho la atención cuando usted dice que “…la gente que va a las iglesias en los barrios de más ingresos, rezan y profesan el amor por el prójimo. Pero apenas traspasan las puertas de esos lugares sagrados, miran con el mayor de los desprecios a los pobres, mendigos y hasta a los niños que piden monedas. Rápidamente se olvidan del amor al prójimo a no ser que para esa gente de clase acomodada, el prójimo sea solo otra persona de su clase social…” Y ni hablar cuando comenta que “…las religiones en vez de criticar y condenar a los agnósticos y ateos deberían preocuparse por los actos de sus respectivos fieles que cometen cualquier barbaridad y se refugian luego en el perdón de Dios…” Y también es imperdible la acidez que derrocha frases como “…yo voy a convencer a creer en el juicio final cuando vea a todos los religiosos del mundo desprendiéndose de sus valores materiales, quedándose solo con los que llevan puesto, para comenzar una vida más pura, más espiritual, más armoniosa. Pero si ellos no están convencidos de aquello que tanto predican, ¡Porque intentan convencerme de ello a mí…!”
-¡Vaya! Es realmente maravillosa su memoria. Por lo visto ha leído con mucho detenimiento mis obras…
-Y dígame, don Iser, ¿Qué piensa ahora de todo lo que escribió en su libro, luego de haber visitado los dos reinos?
-Que realmente no me parecen gran cosa. El Cielo, el Infierno… Creo que no son más que estados alterados de la mente, no los presiento como si fueran de esencia espiritual. Ahora, disculpe, pero tengo una pregunta que hacerle. La reencarnación, ¿existe o no?
-¡Pero claro que si, mi amigo! ¡Claro que existe! Precisamente, viendo que no le resulta muy interesante mi reino, ahora mismo lo mando hacia allá, hacia el eterno punto de partida. Disfrútelo, que este será su último viaje por hoy…

De pronto todo se hizo oscuro otra vez y los lamentos y quejidos del averno se callaron.
Y de nuevo se encendió la luz, pero ya no en forma de punto en expansión, en forma de túnel, sino que hubo una explosión de claridad por todo mi alrededor.
Estaba en una sala de quirófano y alcancé a ver a un par de doctores, con sus respectivos barbijos. Yo entonces me pregunté “¿Acaso seré un bebé? ¿Será cierto que tendré una nueva vida? ¿Cuál será mi nuevo nombre…?”
Mientras me hallaba fascinado ante estos interrogantes, uno de los doctores se acercó a mí, vio mi rostro y con una sonrisa burlona le preguntó a su colega que se encontraba cerca
-¿Así que este es un famoso escritor?
-Si, así parece…
-Iser… Stavniel Iser… Si, si, creo que es él.
-¡Que suerte tiene este tipo! ¡Fue el único que sobrevivió en ese accidente!
Yo, extremadamente adolorido, aún a pesar de los múltiples sedantes que me suministraron, alcancé a preguntar con un hilo de voz
-¿Qué me pasó?
El doctor que se encontraba a mi lado, sin dejar de sonreír, dijo sin perder su ironía
-Nada, sacando que estuviste muerto durante un par de segundos… ¡Nada!
El otro doctor, sin perder tiempo, también se aproximó a la cama y con mucha curiosidad me preguntó
-¿Y? ¿Qué hay del otro lado? ¿Qué fue lo que vio? ¿Usted escribe sobre esos temas, no es así?
-¿Qué vi? Nada, la verdad es que no vi absolutamente nada. Todo es tal cual como lo escribí en mis libros…

jueves, abril 23

La mano de Dios


22 de Junio de 1986. Mundial de Fútbol de México. Estadio Azteca.
La Selección Argentina se enfrenta contra la de Inglaterra. A los 6 minutos del segundo tiempo, Diego Armando Maradona, de ahora en más D10S, se eleva por los aires dentro del área inglesa y cabecea la pelota con su mano izquierda desaireando al arquero Peter Shilton. El balón ingresó en el arco británico y el árbitro tunecino Bennaceur, seguramente un adorador más de D10S, convalido el gol sin dudar. ¡¡¡Gooooool!!! Argentina 1 Inglaterra 0. Reconozco que a este gol lo grité casi tanto como el que el mismísimo D10S convirtió tan solo cuatro minutos después, ni más ni menos que el mejor gol en la historia de los mundiales, el de la apilada inolvidable. Yo por entonces tenía solo 13 años, y por esas cosas propias de la ingenuidad y el fanatismo, sentí que con ese gol ilegítimo vengábamos aquel partido del mundial de Inglaterra en 1966 en que ante el dueño de casa, la mano negra de un árbitro alemán nos había dejado fuera de competencia, como así también nos desquitábamos de siglos de piratería inglesa, y hasta de la derrota en la tristísima Guerra de las Islas Malvinas (lamentablemente, aún Falklands). Si, se que viendo esa jugada a la distancia, tras el implacable paso del tiempo, es imposible llegar a la conclusión de que el gol es un completo fraude, que es un gesto antideportivo, que es un acto deshonesto, tramposo y que es un mal ejemplo para todos los niños del mundo que practican deportes. Pero… ¡Qué mierda! Aún hoy cuando por los canales de deportes repiten de tanto en tanto este gol, se me pone la piel de gallina de la misma forma que con el segundo que hizo D10S. ¡¡¡Gooooool!!! ¡Gol mierda! ¡Por fin pudimos joder a los ingleses! ¡¡¡Al fin los cagamos una vez!!!