Obra de Rocío Tisera

miércoles, octubre 8

Humo negro


Esta mañana la ciudad se despertó bajo un manto oscuro y denso de humo. Al principio parecía ser producto de alguna protesta callejera en la que se estaba quemando neumáticos, pero ante la ausencia de marchas sociales y de personas quejándose por algo, lo más factible era que todo se trataba de la contaminación ambiental, el smog que invade las grandes ciudades. Quienes a esa hora nos encontrábamos allí, fuimos testigos de al menos una decena de accidentes de tránsito debido a la baja visibilidad que había en la calle. Unos tres ancianos tuvieron que ser socorridos, no precisamente por los accidentes, sino porque sufrieron principio de asfixia debido al espeso humo. Y ciertamente, el aire ya se había vuelto irrespirable. Detuve un taxi, aún a riesgo de que colisionara con algo y me dirigí a casa, que queda en las afueras de la ciudad. Le costó al taxista salir del centro, pero una vez en la ruta el viaje se volvió más tranquilo. Al llegar a casa, mi esposa me comentó que los noticieros de la televisión y la radio aconsejaban a la población a no salir de sus hogares hasta que las autoridades públicas determinaran si era peligroso ese humo negro que se apoderaba del lugar. Las horas fueron pasando y extrañamente para los expertos del tema, el humo seguía sin desvanecerse. Cerca del mediodía hubo un corte de energía eléctrica en toda la provincia y ya a la hora de la siesta podíamos ver a través de nuestra ventana como un frente oscuro, semejante a un frente de tormenta de verano, aparecía en el horizonte proveniente de la ciudad. Lo último que pudimos escuchar en una pequeña radio, antes de que se quedara sin pilas, era que los científicos de la universidad habían confirmado que aquel humo no tenía la típica composición del smog y que aún no se hallaban en condiciones de precisar fehacientemente de que se trataba todo. Rápidamente, cerramos puertas y ventanas e intentamos tapa cada abertura al exterior. Mis dos pequeños hijos jugaban distraídamente con sus juguetes en una de las habitaciones, mientras mi mujer y yo mirábamos a través de la ventana, esperando, aunque no sabíamos bien que mierda esperábamos… No se porque, esta situación me recordó mucho a aquella clásica historieta que no hacía muchos días había estado releyendo: “El Eternauta”. Mientras tanto, aquellas nubes negras se siguieron acercando a casa, cada vez más y más.

2 comentarios:

káfe dijo...

como escribes maricon. pero bueno, chido.

Graciela L Arguello dijo...

Sí, yo también pensé en seguida en el ETernauta. Un beso graciela