Obra de Rocío Tisera

domingo, agosto 24

El Príncipe Azul


Era una noche fría de invierno y parecía que todas las personas del barrio ya se encontraban a esa hora durmiendo en sus cálidas camas. Ella, distraída y quizás ansiosa por llegar a su hogar, cruzó la calle sin mirar a ambos lados y no se dio cuenta que un automóvil se acercaba a gran velocidad. El conductor de ese coche estaba muy alcoholizado y no tuvo reflejos para evitar atropellarla. Inevitablemente, ella fue arrojada al asfalto, semiconsciente, aturdida por el golpe y los dolores, mientras que el borracho que la atropelló, emprendía una cobarde huída antes que llegara la policía.
Pasó unos minutos y otro coche pasó por el lugar. Ella, desde el suelo y aún conmocionada por el accidente sufrido, alcanzó a ver a un apuesto joven que bajaba del auto tal como se podría ver a un príncipe azul bajando de su bello corcel dispuesto a rescatarla. Ese hombre era su ángel de la guarda, su salvador. En esa fría noche de invierno, en la que no se encontraba nadie en la calle, esa noble persona se había detenido a socorrerla. Él joven la tomó cuidadosamente entre sus brazos y la acostó en el asiento trasero de su coche. La tapó con una manta que sacó de su baúl y le dijo que no se preocupara porque todo iba a salir bien. Ella, a pesar de sus dolores y de que no podía moverse mucho, suspiró aliviada. “Gracias a Dios voy rumbo al hospital, ya no aguanto mas tanto dolor”, pensó ella mientras veía a través de la ventana pasar la copa de los árboles que cada tanto dejaban ver entre sus ramas una hermosa luna llena. De pronto, el auto se detuvo en un sitio oscuro y silencioso. Rápido se dio cuenta que no se encontraba en un hospital, sino en un lugar descampado, quizás en las afueras de la ciudad. Intentó levantarse, pero los dolores y las quebraduras se lo impidieron, intentó gritar pero le faltaba el aire, y de pronto quedó completamente inconsciente. El joven se bajó del auto y abrió la puerta trasera en busca de ella.
Es que los príncipes azules, lamentablemente para ella, tan solo existen en los cuentos de hadas…

2 comentarios:

Carlos Alberto Arellano dijo...

Gustavo:

Una fría noche de invierno. Un horrible accidente. Un alcohólico irresponsable que hace daño y se va. Una mujer rota y desesperada. Un ángel azul. Una esperanza que nace entre aturdimiento, dolores y oscuridad. Un viaje con suspiros de alivio, la luna llena en las alturas y el lento pasar de las borrosas copas de los árboles. Un cuento de terror. Un espantoso desenlace. ¡Pobre mujer!

Saludos.

eliana supino dijo...

derrepente,
el azul ya no me gusta.....