Obra de Rocío Tisera

martes, octubre 9

El trabajo

Maximiliano se había levantado temprano ese Domingo.
Tomó unos mates y se fue hasta el kiosco de revistas de la esquina a comprar el diario.
El diariero quiso iniciar una conversación, pero él solo esbozó una sonrisa y se marchó.
Se fue caminando lentamente, con la mirada clavada en el piso y una expresión de desánimo a más que evidente. Había perdido mucho peso, unos diez kilos quizás y había optado por rapar sus largos cabellos. El HIV había avanzado mucho en él, pero más allá de los síntomas, lo que lo deprimía era el hecho de haberse convertido en un estigma para la familia y un excluido para la sociedad. No solo había perdido su puesto de gerente en la empresa constructora, sino que a partir de ese momento conseguir trabajo se había vuelto casi imposible.
Carolina, su esposa, no tuvo más remedio que volver a su antiguo trabajo, en un taller de costura, tal como lo solía hacer de soltera, pero como ahora estaba empleada "en negro", el dinero que le pagaban tan solo alcanzaba para la comida de sus dos hijos.
Maximiliano llegó a casa, tomó una silla y se sentó en el medio del patio, bajo la fresca sombra de un paraíso y comenzó a hurgar entre las secciones del diario hasta llegar a la de clasificados. Entremedio de los avisos que ofrecían trabajo, encontró uno muy extraño, que leyó con mayúscula sorpresa:

"Se necesita personal sin limite de edad, no es necesaria experiencia, ni referencias. Único requisito: sufrir una enfermedad terminal (cáncer, HIV, etc.). Excelentes ingresos. Presentarse urgentemente. Imprescindible contar con constancia médica que certifique la dolencia."

De un salto, recortó la página del diario y con un rápido: "Ya vuelvo" se despidió de su familia. Si bien ese pedido de personal era más que estrafalario, no pudo más que pensar lo imprescindible a para su familia que él pudiera conseguir un trabajo digno. Además, lo avergonzaba tener que pedir mes a mes la ayuda de sus padres y de sus suegros para poder pagar el alquiler y los impuestos.
Luego de media hora de viaje en ómnibus, llegó al centro de la ciudad.
Le costaba caminar bajo el fuerte sol, pero la emoción era más fuerte que cualquier dolor que pudiera sentir.
Ya en el edificio, subió en el ascensor hasta el tercer piso y se encontró con el cartel de una oficina: "O.B.L. Seguros de vida".
Golpeó la puerta y una amable y agraciada secretaria le invitó a pasar.
Maximiliano le entregó sus estudios médicos y unas fotocopias de su documento de identidad y llenó una planilla con todos sus datos. La secretaria rápidamente comenzó a ingresar sus datos en la computadora y solo cuando terminó de verificar la información lo invitó a tomar asiento. En la sala había cuatro personas más esperando.
Sin lugar a dudas, era determinante sufrir una grave enfermedad para poder obtener ese trabajo, porque esas personas que estaban allí no se veían mucho mejor de salud que él.
Mientras aguardaba su turno, se puso a ojear algunas revistas que se encontraban sobre una mesita. En una de ellas aparecía un águila muy similar al que llevaba tatuado en el brazo derecho. Ese tatuaje, realizado con agujas que no habían sido esterilizadas, fue la causa del contagio del HIV.
–Quizás me utilicen como conejillo de indias, para probar algún tipo de droga. -Pensó, pero en realidad esa idea no lo asustaba para nada.
La gente que iba saliendo de la oficina, llevaba una expresión extraña en el rostro, no podía descifrar si en realidad salían contentos o preocupados. Quizás, eran las dos sensaciones a la vez.
Minutos después le llegó su turno y sintió la ansiedad de develar pronto porque tanto secreto para un simple trabajo. Ingresó a una oficina contigua y fue recibido por un señor menudo y de mediana estatura, pero de rasgos fuertes en su rostro. Su larga barba y su acento marcadamente árabe lo convencieron rápidamente de que ese señor venía del extranjero. En la oficina, había además dos personas de gran físico, que miraban con gesto intimidante y guardando silencio.
–Mire le seré claro. Lo necesitamos para que realice un trabajo que debe permanecer en secreto. He visto sus estudios clínicos y he comprobado la veracidad de su enfermedad. Para todo el mundo, la muerte llega en cualquier momento, pero para algunos se muestra de manera más concreta, más cercana. Usted sabe que va a morir y nosotros queremos que ese hecho no se desaproveche. El trabajo que le ofrecemos es realizar un atentado suicida contra el Banco Nacional. Como le decía, usted sabe que de todas maneras va a morir. La diferencia es que nosotros le vamos a pagar cincuenta mil dólares. Veinticinco mil se los llevaría ahora. El resto, será depositado en una cuenta a su nombre para que algún integrante de su familia pueda cobrarlo luego de realizado el trabajo. ¿Qué opina?
Maximiliano no lo pensó mucho. Con ese dinero podría asegurar, al menos, por un buen tiempo las necesidades económicas de su familia. Al fin y al cabo era cierto que la muerte era solo una cuestión de tiempo.
-Supongo que no me queda otra opción que aceptar.
-Tomó la decisión correcta. Se ve que ama mucho a su familia.
Firmó unos papeles y recibió una bolsa negra que contenían los veinticinco mil dólares. Los revisó y comprobó que todo estaba en orden.
-Mañana debe presentarse a las siete de la mañana. Será una semana de preparativos. Mientras tanto tenga mucho cuidado de con quien habla. Todo el tiempo será vigilado uestra gente.

La semana de entrenamiento pasó rápidamente y durante todo ese tiempo fue seguido de cerca, tanto él como su familia, por un intimidante grupo de matones.
Maximiliano tuvo que mentirle a Carolina para explicar el adelanto de dinero y así no llamar la atención. Le dijo que esa plata que había cobrado, era de una indemnización que le había ganado su abogado a la empresa que lo despidió. La misma alegría del dinero hizo que la mentira fuera creída por Carolina sin muchos reparos.
En realidad, a ella mucho no le importaba de donde había salido ese dinero.
Ella estaba contenta porque creía que de ahora en más, se irían acabando todas las dificultades.
Hasta que llegó el lunes. Ese fue el día elegido para realizar el "trabajo".

El despertador sonó a las cinco de la mañana, pero de todas maneras, Maximiliano no había dormido en toda la noche. No solo por los dolores, cada vez más agudos, que sentía en su pecho. Eran sus últimas horas con vida.
Fue hasta el baño, se lavó la cara y luego, arrodillado en el piso, se puso a rezar mientras lloraba. Sobre la mesita de luz, dejó la carta que había escrito la noche anterior, intentando explicar lo que estaba por suceder. Le dio un beso a su hijo, a su hija, a su esposa y se marchó.
A las ocho y media se levantó su mujer y prendió la radio, mientras se quedaba un rato más en la cama, tratando de desemperezarse. Vio un papel sobre la mesita de luz y le llamó la atención. Cuando terminó de leerlo no podía creer que lo que ahí decía fuera cierto. Solo cuando por la radio, dieron la información de que una bomba había explotado en un banco, se esfumó la esperanza de que todo aquello era una broma de mal gusto.

FIN

22 comentarios:

C.A.A. dijo...

Gustavo: Este cuento es excelente. Sería penoso hacer un corto con él. Merece convertirse en un largometraje. No entiendo cómo te arriesgas a colocarlo en Internet. ¿Está registrado? Y aunque esté registrado, ¿no te preocupa que te roben la idea? (¿O es que ya forma parte de un libro?) Ahora no puedo seguir escribiendo. Mañana voy a regresar para dejarte otros comentarios. ¡Muchas gracias por la visita y por los elogios!

C.A.A. dijo...

Gustavo: Si yo fuera director de cine y estuviera por hacer una película con tu cuento, los momentos fundamentales serían (entre otros): cuando Maximiliano lee el aviso en el diario, el viaje en ómnibus, la espera en la sala, el trabajo de los matones, la última noche.

C.A.A. dijo...

Gustavo: Para el viaje en ómnibus buscaría inspiración extra en «Ómnibus», el cuento de Julio Cortázar que aparece en «Bestiario» (aunque la tensión que vive el personaje, nada tiene que ver con la que soporta Maximiliano, siento que podría ayudarme a crear un clima especial). También sería muy útil la imágen de una película de Akira Kurosawa, que no he visto, en la que a Toshiro Mifune (vestido con saco y corbata y con un portafolios sobre las piernas) se lo ve viajando sentado en un tren. Su rostro muestra el profundo sufrimiento, la enorme amargura de un hombre que no encuentra solución a sus problemas. Toshiro está en el tren, viajando con otros muchos pasajeros, pero sus ojos, sus emociones, sus pensamientos, están en otro lado, muy lejos en tiempo y espacio.

C.A.A. dijo...

Gustavo: Hay algo que me gustaría cambiar un poco: el viaje en ascensor. Yo lo haría más largo (en mi película). Cambiaría el viaje al tercer piso por otro al piso catorce o quince. (Me daría más tiempo para desarrollar el dramatismo de la escena). Aquí buscaría inspiración extra en el final de «Corazón satánico», de Alan Parker. No voy a contar ese final, por si no has visto la película (una de mis preferidas de Alan Parker.)

C.A.A. dijo...

Gustavo: Para darle forma a la última noche de Maximiliano, el momento cumbre de la película, buscaría inspiración extra en «El jardín de senderos que se bifurcan» y en «El milagro secreto», los cuentos de Jorge Luis Borges que aparecen en «Ficciones». También volvería a leer el final de «Soy leyenda», de Richard Matheson. (Esta novela se llevó al cine, hace muchos años, con Charlton Heston como protagonista. Por desgracia (por lo menos para mi gusto) resultó una pésima película. En los últimos años se han hecho varios intentos por volver a filmarla, pero no tuvieron un final feliz.

C.A.A. dijo...

Gustavo: Para armar las escenas del grupo de matones, que siguen de cerca tanto a Maximiliano como a su familia, yo tomaría como modelo la historia del hombre que quiere dejar de fumar, en «Los ojos del gato», de Lewis Teague, con guión de Stephen King. Ese hombre es seguido obsesivamente por espías que trabajan para una empresa que ayuda a la gente a dejar de fumar. He leído por ahí que algunos califican de muy floja esta película, pero a mí me gustó mucho.

C.A.A. dijo...

Gustavo: Para inspirarme en lo relacionado con las expresiones del rostro de Maximiliano, cuando lee el aviso en el diario (y de pronto se le aparece una luz de esperanza en la profunda oscuridad de sus abismos), no veo nada mejor (por ahora) que esa escena de «La guerra del fuego», de Jean Jacques Annaud, en la que un hombre de las cavernas se queda mirando incrédulo, completamente maravillado, por primera vez en su vida, cómo otro hombre hace fuego delante de sus ojos.

C.A.A. dijo...

Gustavo: Para la espera en la sala, creo que podría ser útil «Segunda vez», el cuento de Julio Cortázar que aparece en su libro «Alguien que anda por ahí». También me viene a la mente, en este momento, la escena de la película «Atrapado sin salida», de Milos Forman, en la que Jack Nicholson y el indio grandote están esperando (ellos no lo saben) que les apliquen descargas de corriente eléctrica. Esa escena tiene un no sé qué muy especial.

C.A.A. dijo...

Gustavo: Cuando me contaste cuál era tu momento favorito en la película «Pink Floyd: the wall», de Alan Parker, recordé que esa película también era una de mis preferidas. Así que ya la agregué en mi blog, junto a «Expreso de medianoche». «Pink Floyd: the wall» es una maravillosa obra de arte. Tengo el álbum, por supuesto.

C.A.A. dijo...
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el instigador dijo...

No me importa lo que me quieras decir sino lo que me hagas sentir. Lo tuyo es turbadoramente bueno.

Gracias por tu comentario en lo mio. Ayuda mucho

Anabel dijo...

hola!!!!!!1
que texto mas bonito, me ha encnatado!!!
ya he vuelto por estos lugares!!!
apsate por mi blog, que he actualizado
cuidate mucho!!
besosss

Carmen dijo...

Enhorabuena Gustavo. Es un texto excelente.
Para rizar el rizo de la tragedia mi mente se adelantó al final y por un momento pensé que Carolina iría con su hijito a ingresar el dinero a ese Banco. Salvarlos ha sido un regalo.

Un saludo desde la Córdoba de España.

C.A.A. dijo...
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valeLost dijo...

woooww
la verda es que quedé para dentro con el cuento...
igual rar la sensacion esa... entre la muerte inminente por una enfermedad, y ni siquiera luchar por la vida (miserable casi en su posicion) o , dar su vida para bien (economico) de su familia... pero muerte a otros por el atentado... ya que no explica que tipo de atentado era.. pero sin duda ha de haber victimas...
que difisil posicion...
pero me hace replantear algo...
¿cuanto vale la vida?
que tan poco nos aferramos a esta?
vivimos realmente el dia a dia?
el concepto de la muerte es una buena idea para vivir, pero solo como concepto, cuando es inminente morimos casi de susto, porque ni siquiera nos atrevemos a vivir bien la vida...

buen cuento...
me gusto la descripcion y todo,

te dejo mi blog...
haber si le echas una ojeada...
recien empezando en esto si...
saludos!!

http://pleasegivemeaparachutes.blogspot.com/

Nombre: Noelia Bianchi dijo...

Me gustó mucho tu blog, este cuento esta muy bueno.

Volveré siempre

Saludos desde Bolivia.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Gustavo: He dejado un cuestionario en mi blog, que ya han respondido un montón de visitantes: 2. Me gustaría conocer lo que piensas (está relacionado con un tema que conoces muy bien: la muerte.) Puedes responder una pregunta o todas, o simplemente dejar un comentario. ¡Saludos!

Carlos Alberto Arellano dijo...
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Noelia Bianchi dijo...

Gracias por la visita. Estoy ansiosa para leer el próximo post. A propósito hoy es lunes! Día de hamaca. Jeje

Carlos Alberto Arellano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
valeLost dijo...

muchas gracias por tu comentario...
bueno siempre se le pueden dar distitas apreciaciones a lo que uno escribe, y esa es la gracia, creo, de que sean escritos, que no tratan de converncer...
son propuestas...
quiza ni siquiera a reflexionar... pero se puede sacar lo que sirve, y lo que no...
entonces...
no lo he podido escribir...es eso que siempre busco...
lo mejor aun no esta escrito, no lo hemos escrito, por eso estamos siempre en esta busqueda. ya sea de inspiracion, de amor, de amistad... etc..
todo se resume en ese algo mas a mi parecer...

saludos!!!
nos vemos!!

Vale dijo...

Hola Gustavo, encontré tu cuento por casualidad, en sí me parece bueno, pero supongo que alguien ya te habrá hecho notar que el VIH no es una enfermedad mortal sino una infección crónica y controlable. Quizas deberías agregar algún dato para darle mas veracidad al relato, por ejemplo, que el protagonista había sido diagnosticado en una muy etapa avanzada de la infección, que estaba ya muy bajo de defensas, y que sufría una o más enfermedades oportunistas (neumonía, tuberculosis) al menos una dificultad respiratoria sería algo mas apropiado que "dolores en el pecho" o directamente pondría que el protagonista tiene algún tipo de cancer terminal en vez de VIH.
Un abrazo, Vale.