Obra de Rocío Tisera

domingo, octubre 19

El túnel


He perdido la noción del tiempo. Luego del impresionante derrumbe que sufrimos en esta mina de carbón, el tiempo ha pasado de forma incierta, de la misma manera en que suele parecernos mientras estamos soñando. Pero de algo estoy totalmente convencido y es que soy el único sobreviviente de todo este desastre, ya que puedo ver a metros de donde yo me encuentro, a todos mis compañeros sepultados bajo una montaña de piedras. Pensar que solo unos minutos atrás, ellos conversaban y bromeaban conmigo… Hace más de treinta años que soy minero, tal como lo fue mi padre, y se que me encuentro en una situación demasiado comprometida. No tengo muchas esperanzas de que puedan rescatarme, debido a la magnitud del desprendimiento de rocas que obstruye la salida. El oxígeno escasea y sin agua ni alimentos mucho no podré sobrevivir. Lo único que me queda por hacer, es sacudir incansablemente el pico contra esa pared de piedra que hoy se encuentra más sólida e indestructible que nunca. Es eso, o simplemente dejarse morir, tirarse al piso y esperar que San La Muerte me quite todo sufrimiento…
He pasado un buen tiempo pegándole sin parar a ese muro frío e impiadoso y lo único que he conseguido es agotarme y quedarme sin aire. Aire, eso es lo que falta en esta maldita trampa de piedra. De pronto, la luz de la lámpara se apagó, pero la oscuridad solo duró unos segundos. Por un pequeño agujero de la pared de esa mina, un pequeño rayo de luz apareció e hizo que de pronto volvieran a mí aquellas fuerzas que ya había perdido. Tomé nuevamente mi pico y comencé a pegarle otra vez a ese muro que comenzaba a agrietarse. Luego de varios golpes el muro por fin cedió y dio paso a un túnel que se encontraba prolijamente construido. Aún agotado por el sobreesfuerzo, pude notar que a pesar de todos los años que había trabajado en esa mina, nunca había conocido, ni siquiera por referencias de su existencia, ese extraño pasaje que se abría ante mí. Al final del túnel, brillaba aquella luz que había hecho renacer mi esperanza y hacía ella me dirigí, a paso seguro, con mi ropa hecha jirones, herido y con una bota menos. ¿Por qué iba seguro? Porque ya nada peor de lo que había pasado me podía suceder. En todo ese momento no había podido dejar de pensar en mi esposa, en mis hijos, en mi madre, deseaba pedirles perdón a todos por haberlos hecho sufrir con este trabajo de mierda, y si pudiera hablar con ellos les juraría que apenas me libre de esto inmediatamente me busco cualquier empleo, así sea el de limpiar baños, pero que trabajar de minero, nunca, nunca más... De pronto, una brisa refrescó mis pulmones, liberándome de tanto polvillo y hollín, e irresistiblemente comencé a recordar cosas: el momento en que conocí a Stella, cuando le propuse matrimonio, el nacimiento de cada uno de mis hijos… Y mientras iba hipnotizado por los pensamientos, una aparición delante de mí me obligó a refregarme los ojos para poder asegurarme de que aquello que veía era real. Casi al final del túnel, se encontraba un minero con aspecto visiblemente feliz por haberme encontrado. No sabía si se trataba de una persona, o era un producto de mi imaginación o si se trataba de un fantasma (muchos de mis compañeros juraban haber visto “ánimas en pena” por los corredores de la antigua mina). Cuando me acerqué a él y pude contemplar su rostro, mis piernas se aflojaron y caí de rodillas al piso, y me largué a llorar como si fuera un niño. Él, mi padre, había fallecido cuando yo solo tenía doce años y ahora se encontraba a mi lado, consolándome, con una gran sonrisa en los labios. Por lo visto, tuve el mismo final que mi querido viejo. Las minas de carbón son nuestros pobres sepulcros. Mi papá me ayudó a ponerme de pié y tomando firmemente mi mano, como solía hacerlo cuando era niño, me llevó hacia esa blanca luz que cada vez brillaba con más intensidad al final de aquel túnel. Ya puedo sentir como el dolor de mis heridas se disuelve lentamente.

viernes, octubre 17

Mi perrito


Mi esposa odiaba a mi perro. Lo detestaba. Si bien a Camilo lo tenía desde antes de conocer a Natalia (era cachorrito cuando nos pusimos de novios) ella siempre sintió por él una especie de repulsión que con el correr de los días se fue transformando en algo semejante al temor, a medida que ese hermoso ejemplar de raza dogo fue creciendo cada vez más y más. A pesar de las quejas, de las súplicas y rechazos que debía soportar de Natalia, nunca me pude deshacer de él. Es más, siempre estuve más cerca de separarme de mi esposa que de desprenderme de mi consentido can. Pero como al fin y al cabo amaba a ambos casi de la misma manera, busqué un equilibrio, una posición conciliadora para poder mantener un poco de paz en mi hogar. Porque Camilo, por cierto, tampoco sentía mucho aprecio por Natalia. Cada vez que ella se le acercaba, él ladraba enloquecidamente y si bien la situación nunca pasó más allá de eso, el hecho de que el perro le mostrara más de una vez sus afilados colmillos, junto con esa mirada amenazante e inquisidora, hacía que ella se introdujera en el estado de pánico más morboso que pudiera sufrir en su vida. Fueron incontables las oportunidades que discutimos este asunto con Natalia. Muchas veces, incluso, llegamos a insultarnos y hasta intentar agredirnos adelante de su familia, por lo que debo reconocer que no contaba precisamente con el afecto de mis suegros y hasta me animaría a decir que me rechazaban con todas sus fuerzas. De todas formas, doy fe que ella me lo pidió de todas las maneras posibles, hasta rogándome de la forma más humillante, pero para mí la idea de deshacerme de Camilo era simplemente inconcebible y si bien ella amenazó muchas veces con marcharse de casa, el amor que nos teníamos la obligaba a dar marcha atrás con sus intenciones y luego de la reconciliación, todo se olvidaba y no se hablaba más del tema.
Una noche, Camilo se liberó de la gruesa cadena que lo mantenía confinado a un sector del patio y se metió rápidamente en la cocina. Natalia, distraída mientras ponía en el microondas nuestra cena, no advirtió la presencia de mi amado perro que fue directo hacia su tobillo para morderla. Aterrorizada y furiosa, comenzó a gritar y pegándole con una olla que encontró sobre la mesa, se zafó de Camilo que volvió asustado al patio. Natalia fue ciega de odio hasta el dormitorio, en donde me encontraba recostado sobre la cama, escuchando música. Comenzó a tantear con su mano derecha arriba del ropero hasta que encontró el arma, una 22, que teníamos por el miedo a los múltiples robos que sucedían a diario en el barrio. Apenas la vi, fui corriendo tras ella, porque sin saber lo que sucedía, podía imaginármelo: ella se dirigía al patio a ejecutar a mi amado Camilo. Cuando vi a Natalia empuñando el arma, apuntando a mi indefenso cachorro, me tiré sobre ella de una manera tan poco afortunada, que en el forcejeo un disparo se escapó. La bala se incrustó en el pecho de mi esposa que, en forma inmediata y de manera fulminante, cayó sin vida sobre el piso de la cocina. En la desesperación, a pesar de las vertiginosas imágenes que se sucedieron, alcancé a comprender que estaba en un grave problema y que me sería demasiado complicado demostrar que mi intención en ningún momento había sido la de asesinar a Natalia. Entre lágrimas, sufriendo terriblemente por lo ocurrido y por mi segura encarcelación, tomé el cuchillo con el que suelo cortar la carne y los huesos que Camilo devora día a día, y comencé a rebanar en trozos el cuerpo de mi esposa que ya comenzaba a enfriarse.Una vez terminado el trabajo, guardé algunas de sus partes en una bolsa sellada que luego dejé en el freezer, entre medio del pan y otras viandas de comida. El resto, se las di a mi perro para que las comiera y al parecer, Natalia le gustaba mucho más de lo que yo hubiese imaginado. Al día siguiente, le di un poco más de esa carne, intentando que Camilo la terminara de devorar cuanto antes, ya que la súbita desaparición de mi esposa, en poco tiempo llamaría la atención de mis vecinos, y por sobre todo, la de mis suegros.Pero de pronto, mientras Camilo comía lo que parecía ser una porción de pierna de Natalia, comenzó a dar arcadas y a emitir un extraño gruñido, víctima seguramente de un hueso atravesado en la garganta que le impedía respirar. Todo fue cuestión de un par de minutos. Prontamente de su hocico comenzó a caer una baba blanca y espesa, y así, mi querido perro, tirado en medio del patio, sufrió una muerte horrible. No hay mucho más por decir, salvo que mi fiel compañero quedó enterrado en el fondo de mi casa. Lo que quedó de mi esposa, terminó asándose sobre la parrilla, entre medio de los chorizos y las morcillas. Ese fue el último asado que compartí con ella.

jueves, octubre 16

Hay días que desearía


Hay días que desearía no salir de la cama y quedarme allí, bajo suaves y tibias sábanas, oculto por completo de ese sol que me acosa tras la ventana y que grita con insistencia, incansablemente que ya es tarde, y que me recuerda con mucho dolor para mí que debo levantarme. Hay días que me quedaría refugiado en mi cama y que no la abandonaría ni por un solo instante de la jornada. Hay días en que estoy seguro de que puedo dejar de escuchar a ese sol fulgurante que me vocifera desde el rojizo cielo: “¡Levántate! ¡Ya es tarde! ¡Cumple de una vez con tus responsabilidades! ¡Enfrenta lo que temes! ¡Ama lo que odias!”
Hoy desperté convencido de que ese glorioso día al fin ha llegado. Hoy es un buen día para dar comienzo a mi ansiada rebelión. Hoy he decidido no levantarme. Hasta luego gente, ahora voy a seguir durmiendo un buen rato más…

martes, octubre 14

Vida cultura


La vida es una triste película, una ácida comedia, un denso drama, en la que al final los buenos nunca pueden ganar.
La vida es un grueso y pesado libro, un tomo polvoriento que encierra un secreto enigmático que nunca alcanzamos a entender, ni a razonar.
La vida es una dulce melodía, una alegre canción que siempre tarareamos pero que nunca terminaremos de aprender por completo la letra.
La vida es una hermosa y delicada escultura que accidentalmente se cae de nuestras torpes manos para verla al fin desparramada en el sucio suelo, en miles de fragmentos.
La vida es un cuadro abstracto en el que cada persona que se enfrenta ante él termina encontrando una definición diferente, una impresión disímil, opiniones al fin demasiado subjetivas para poder coincidir. La vida es tal como la cultura, que debería estar al alcance de todos, que debería pertenecer a todos, pero que, como siempre sucede, solo termina siendo disfrutada por unos pocos…

lunes, octubre 13

Pasto amarillo


El pasto abandona su vida y se tiñe de amarillo, se vuelve seco, quebradizo y sumisamente se deja consumir por esas llamas doradas que nacieron del fósforo que aún sostengo entre mis temblorosos dedos. Todo el campo que alguna vez fue verde, comienza a arder y no puedo evitar que mi mente compare esas cenizas que flotan en el turbio aire con aquellos días que alguna vez tuve la suerte de vivir y que se incendiaron inevitablemente, con voracidad, ante mis rojos ojos. Puedo ver con claridad, iluminado por aquel fuego colosal, como mis manos, mi vieja piel, poco a poco comienza a tornarse de un ígneo color amarillo, al igual que aquellos pastos. Se muy bien que nunca mi ser ha estado tan cerca de arder. Y se también que una vez que comience a arder, lo haré con tanta furia que no habrá lluvia ni viento que puedan apagarme…

sábado, octubre 11

Me matan los sueños


Me matan los sueños en los que descaradamente apareces, destruyendo cualquier situación agradable, convirtiendo una dulce ensoñación en una fatal pesadilla. Y no me salvará ni el aturdido sonido del despertador, ni los rayos del sol del nuevo día que comienzan a filtrarse por la ventana, ni la caricia que intentará calmar mi desesperado sobresalto. Porque el efecto de tu virtual presencia persistirá en mí durante varios días más, sin que nada ni nadie pueda sacarme el gusto amargo de la boca, sin que pueda encontrar la manera de olvidar tu rostro. Me matan los sueños en los que despiadadamente apareces. Y eso, creo que tú bien lo sabes…

viernes, octubre 10

La boca del sol


Hubo un momento en mi vida que no entendía lo que me sucedía, ni siquiera podía saber quien era yo. No comprendía porque mientras una multitud de gente me vivaba y me adoraba, a la vez había otra gran cantidad de personas que me insultaba y me atacaba. “Quizás soy un tirano, un dictador, algún político importante”, me decía, pero yo no sabía bien ni lo que estaba pasando, ni quien diablos era yo. Había gente que me esperaba, gente que me seguía y también gente que se alejaba y me echaba. Personas que me ofrecían lo poco que tenían, y otra que me trataba como un ladrón. Si, debía ser una autoridad importante, lo suficiente como para que el pueblo me reconociera y me tratara como tal, pensaba por entonces. Claro, mis partidarios me aman, los opositores quieren mi muerte. Por eso mientras algunos me regalaban flores, otros me tiraban piedras…
El tiempo fue pasando, y poco a poco comencé a entender cada vez menos.
Un día, una turba enloquecida se acercó hasta donde estaba acampando y empezó a atacarme salvajemente, me llevaron injustamente detenido y me torturaron salvajemente hasta el límite en donde una persona puede llegar a tolerar. No morí de puro milagro. Mi piel se deshacía en pedazos luego de tanto latigazos y golpes. Mi sangre cubría mi cuerpo. Pero yo no había perdido las esperanzas. “La gente que me sigue, que es mucha, luchará por mi liberación y si estos malditos no me liberan, ellos, mi gente, harán una violenta revolución en mi defensa”. Pensaba muy ingenuamente, pero no, para mi desesperación eso nunca sucedió. Nadie se acerco a mí, y los que me conocían, con mucha cobardía fingieron no haberme visto nunca. Ellos, que juraban dar la vida por mí y por la causa, me traicionaron sin sentir nada de culpa. Por esa causa es que el pueblo ha vivido toda su historia sometido. El miedo puede mucha más que la convicción. Entonces, quizás por lo que estaba sucediendo, tal vez por el efecto de los múltiples golpes, nuevamente comencé a dudar y a no entender que estaba sucediendo y quien era yo. “Debo haber sido un sangriento revolucionario, un guerrillero, o un vulgar delincuente”, pensaba, mientras gente extraña se acercaba hasta donde yo me encontraba detenido para insultarme, escupirme y golpearme. “Debo haber sido una mala persona, una muy mala persona”, me decía, cuando un soldado grande y fornido me dio una furiosa patada entre las costillas que me hizo dar vuelta, dejándome de cara frente al sol…
El sol brillaba con toda su plenitud en medio de un cielo azul. “No recuerdo mi nombre”, murmuraba con un hilo de voz, “ya no se quien diablos soy”, me repetía entre susurros, mientras intentaba tragar esa mezcla de saliva, tierra y sangre. De pronto, mi mirada borrosa, mis ojos casi cerrados y ciegos, alcanzaron a ver algo tan extraordinario que al principio me hizo creer que todo se trataba de una ilusión, de un espejismo. El sol, ese mismo sol que yo contemplaba tirado en el suelo, abrió unos bellos ojos y una boca gigantesca apareció en él. “Tu eres Jesús”, me dijo el astro imponente, sin que ninguno de todos los que estaban allí pudieran escucharlo. “Yo soy Jesús”, murmuré satisfecho, “yo soy el Mesías”, me dije en forma decidida, y allí todo comenzó a tener sentido para mí. Recién en los últimos momentos de mi existencia terrenal, pude enterarme quién era yo. Mientras tanto, la gente seguía escupiéndome e insultándome, a la vez que los soldados recibían por fin la orden de traer los clavos y los pesados maderos.

miércoles, octubre 8

Humo negro


Esta mañana la ciudad se despertó bajo un manto oscuro y denso de humo. Al principio parecía ser producto de alguna protesta callejera en la que se estaba quemando neumáticos, pero ante la ausencia de marchas sociales y de personas quejándose por algo, lo más factible era que todo se trataba de la contaminación ambiental, el smog que invade las grandes ciudades. Quienes a esa hora nos encontrábamos allí, fuimos testigos de al menos una decena de accidentes de tránsito debido a la baja visibilidad que había en la calle. Unos tres ancianos tuvieron que ser socorridos, no precisamente por los accidentes, sino porque sufrieron principio de asfixia debido al espeso humo. Y ciertamente, el aire ya se había vuelto irrespirable. Detuve un taxi, aún a riesgo de que colisionara con algo y me dirigí a casa, que queda en las afueras de la ciudad. Le costó al taxista salir del centro, pero una vez en la ruta el viaje se volvió más tranquilo. Al llegar a casa, mi esposa me comentó que los noticieros de la televisión y la radio aconsejaban a la población a no salir de sus hogares hasta que las autoridades públicas determinaran si era peligroso ese humo negro que se apoderaba del lugar. Las horas fueron pasando y extrañamente para los expertos del tema, el humo seguía sin desvanecerse. Cerca del mediodía hubo un corte de energía eléctrica en toda la provincia y ya a la hora de la siesta podíamos ver a través de nuestra ventana como un frente oscuro, semejante a un frente de tormenta de verano, aparecía en el horizonte proveniente de la ciudad. Lo último que pudimos escuchar en una pequeña radio, antes de que se quedara sin pilas, era que los científicos de la universidad habían confirmado que aquel humo no tenía la típica composición del smog y que aún no se hallaban en condiciones de precisar fehacientemente de que se trataba todo. Rápidamente, cerramos puertas y ventanas e intentamos tapa cada abertura al exterior. Mis dos pequeños hijos jugaban distraídamente con sus juguetes en una de las habitaciones, mientras mi mujer y yo mirábamos a través de la ventana, esperando, aunque no sabíamos bien que mierda esperábamos… No se porque, esta situación me recordó mucho a aquella clásica historieta que no hacía muchos días había estado releyendo: “El Eternauta”. Mientras tanto, aquellas nubes negras se siguieron acercando a casa, cada vez más y más.

martes, octubre 7

El espejo


Me veo reflejado en ese espejo y no puedo negar que ese sujeto que se vislumbra soy yo. Ese espejo me delata, me despedaza. Ese espejo no es de cristal, ni de agua, ni de metal. Ese espejo consiste solo en un trozo de papel, en un poco de tinta. Voy a escribir, a escribirme, porque en la guarida de los desesperanzados ningún papel puede salvarsey quedar en blanco. Escribo, me dibujo, me expongo en millones de palabras para que yo pueda vivir eternamente en ellas. Pero se que la tinta siempre será escasa para tanta rabia y que al grito nunca se lo podrá dejar reflejado en una simple hoja.
Mi miedo al olvido se adhiriere con sus firmes garras, a esas desordenadas hojas que en algún momento estuvieron desnudas. Esas palabras que escribo en el aire, aquellas frases que no quieren recostarse sobre esos delgados renglones, revelan, inconscientes,como yo también me resisto a tener los pies sobre la tierra. Y aunque tal vez las palabras que escriba terminen poco después arrojadas al fuego, tengo la ilusión que aquel día en que ya no esté, alguien que yo no conozca las pronuncie por mí.

domingo, octubre 5

Amor - Dolor


La llegada de un nuevo amor trae consigo la aparición de una ingenua musa que nos contagia de lugares comunes, de frases cursis, de reacciones ridículas y hasta vergonzosas. Pero el dolor que produce la pérdida de ese mismo amor, es lo único que puede generar la inspiración necesaria para extirpar de nosotros el sentimiento más profundo, el pensamiento más preciado. Cuando el alma vuelve a sentirse sola, suele convertirse en coleccionista de penas, pero también en un exquisito orfebre de profunda poesía. Podemos encerrar el infinito dolor del universo en el ínfimo interior de una lágrima, porque ese recuerdo que nos hará sufrir mantendrá su fiel imagen en nuestra carne, formando parte de la misma piel.

sábado, octubre 4

Alguien sueña


Alguien sueña que es un guerrero, viejo y cansado, al que finalmente le llegó el turno de ser vencido. Herido y desarmado, recostado en el barro frío, él yace sobre la sangre misma del campo de batalla.
Alguien sueña naufragar en alta mar, bajo una tormenta que parece ser parte del mismo Apocalipsis. Él toma, muy fríamente, la decisión de hundirse junto a ese extraño barco, a pesar de no ser el capitán, a pesar de haber sido jamás ni un simple marinero.
Alguien sueña ser un pútrido y corrupto muerto vivo, que se niega con tenacidad a acomodar sus frágiles quebradizos huesos en el incómodo ataúd. Él se resiste a abandonar este mundo, dejando así de esta manera a millares y millares de golosos gusanos, sin la suculenta comida que han deseado durante todos estos años en que él vivió.
Alguien sueña que es el único dueño de todas las frescas lluvias y que sin embargo se muere de sed. Y sueña que a pesar de navegar por un ancho y caudaloso río, nunca logrará desembocar en el anhelado mar.
Alguien sueña y es muy probable que lo haga por última vez. Sueña que nunca existió y que jamás va a llegar a existir. Él no sabe que solo necesita despegar sus párpados, de una buena vez, y resignarse a soportar, con firme estoicismo, la impiadosa realidad.
Alguien sueña en estos mismos momentos, que no encuentra el final apropiado para estas palabras. Solo sueña que escribe y escribe sin sentido, acumulando palabras que nadie leerá.
Él sueña, solo sueña...

jueves, octubre 2

Alcohol


Tengo en mis manos el tónico para recordar, el suero de la verdad, la copa llena de delíriums trémens que hará desaparecer hasta la misma ley de gravedad. Tal vez, el próximo trago de dulce alcohol será el que despertará mi ira, o quizás el que me dará fuerzas para desnudar los sentimientos más ocultos. El próximo trago de ardiente alcohol, será el que hará que me desarme en una carcajada, o tal vez el que lavará mi adormecido rostro, enjuagándolo con lágrimas. El próximo trago de espirituoso alcohol será el que me inspirará a decir la frase más profunda, o será el que me hará balbucear casi de forma incomprensible, el insulto más grande que sepan pronunciar mis labios. Antes de probar un nuevo trago de alcohol suelo decir que será el último, porque temo a esa cruel enfermedad que él me produce, la nostalgia, la nostalgia más encarnizada que puede soportar un ser humano. Pero en mi interior, se muy bien, demasiado bien, que estoy mintiendo como un coberde, y que no dejaré de beber hasta que el primer rayo de sol me queme los ojos.

miércoles, octubre 1

Depresión del domingo a la tarde


Cada domingo a la tarde muero, me entrego manso y tranquilo a esa depresión que comienza junto al ocaso, junto a ese sol rojo. Desfallezco en la melancolía y no me pueden rescatar de esa agonía ni la boca tibia de la mujer que amo, ni las angelicales risas de mi niña que juega. Muero, ahogado en la desesperación del tiempo que se empeña en acabase, sin que pueda impedirlo de ninguna manera. Me extingo, solo para renacer con resignación (¡vaya paradoja!) al día siguiente, en el fatídico lunes, ese lunes de modorra y de sueño, y de vagancia, pero que al final si me permitirá disfrutar del beso de aquellos labios, de la música de aquellas risas. Vuelvo a vivir, olvidándome del final, ese que me espera manso y tranquilo el próximo domingo a la tarde.

lunes, septiembre 29

MICROCUENTOS 11



HOJA EN BLANCO: Debo aprender a leer, a decodificar, a develar el antiguo secreto que se encuentra oculto en esa hoja que aparentemente se encuentra en blanco, totalmente limpia y de apariencia común, colocada cuidadosamente sobre mi escritorio bajo la intimidante luz de la lámpara. Si durante esta madrugada no logro entenderlo, si jamás logro revelar el misterio que ese papel posee, el vacío que existe en esa hoja indefectiblemente me atrapará y me devorará, y me forzará con su maldición a ser parte de esa misma nada.

VENENO: Bebo de esta copa, la que contiene el traidor veneno, el líquido insípido e incoloro que se confunde en el espirituoso vino. Lo bebo saciando mi sed, elevando el ánimo, alegrando mi espíritu. Lo tomo, manso y relajado, con la tranquilidad que me da el sostener en mi otra mano una copa igual de frágil, en la que entremezclado con otro buen vino se encuentra el antídoto salvador. Por lo tanto recuerda, mi bella dama, que tan solo de mí, de mis calientes venas, podrás obtener el suero que combatirá ese líquido letal. Ese mismo veneno que tus dulces y rojos labios, acaban de probar.

PUPILAS: Mientras los años van siendo pulidos, ven despidiendo virutas filosas y oxidadas, que inevitablemente terminan incrustándose en las apagadas pupilas de nuestros ojos totalmente desprotegidos. Esos objetos que nos nublan la mirada, que nos queman la vista, guardan la cruel forma de tristes recuerdos. Son dolorosas imágenes, sobre todo aquellas que provienen de tiempos muy lejanos. Esas son las virutas que más hacen llorar.

PENSAR: Mientras más intento comprender lo que a diario sucede más destruyo mi propia existencia, porque intentar entender la vida es conocer más a la muerte y saberse solo un fogonazo desapercibido en medio del infinito, extraviado en la eternidad. Por eso, déjame perderme en la dichosa ignorancia, permíteme ser un completo analfabeto al que no le afecte el inmenso dolor del mundo, que ya estoy maltrecho de tanta cruda verdad, de tanta burda mentira. Perdóname, pero es que tanta realidad me esta matando…

domingo, septiembre 28

Acertijos


Cuántas mañanas, cuantos despertares, he intentado adivinar, obviamente en vano, lo que me deparará ese día, lo que esa jornada tendrá preparado para mí, olvidando de que tan solo mi manera de actuar es el verdadero motor que llevará a esta infinita maquinaria de minutos y segundos a moverse de un determinado lugar a otro… Cada acierto, cada desatino, moverán diferentes engranajes, posibilitando así que todo el abanico de situaciones se abra ante mí, y para mí, logrando por ello que solo de mis manos, de mi boca y de mis pasos, dependa el acertijo que corresponda resolver en cada instante. ¡Qué cagada! Así no puedo echarle la culpa a nadie. De esta manera, ¡toda la culpa de mis errores solo la tendré yo!

viernes, septiembre 26

Refugio


En el mundo habitan miles de millones de personas que al menos una vez en sus vidas se encontrarán o se sentirán solas. A algunas les tocará sufrir esa soledad que en muchas oportunidades viene acompañada de la nostalgia, la melancolía y hasta la depresión. Otras, aquellas personas que buscaron la soledad, la vivirán como a un pequeño oasis en donde escapar del ruido de la ciudad, del caos de la multitud. En ambos casos, la soledad será un estado pasajero en cual el espíritu aprovechará para sanar las heridas que, a veces inconscientemente y otras no tanto, nos produce el entorno en que vivimos. En este mundo en el que sólo somos otro engranaje de esta gran maquinaria, un consumidor del montón, un número más, es a veces necesario recuperar nuestra individualidad, no para convertir a la soledad en una cárcel en la que nosotros mismos seamos nuestros carceleros, sino para transformarla en un refugio en donde cada tanto podamos renacer.

jueves, septiembre 25

Pide un deseo


Todo comenzó una madrugada fría de invierno. Salía de casa rumbo al trabajo, aún medio dormido, aún con bastante pereza. Estiré mi cuello y lo moví a ambos lados para terminar de despabilarme, miré hacia arriba como implorando a Dios por un poco de piedad y fue justo en ese momento que vi a esa estrella fugaz, roja y bellísima que cruzaba el cielo con mucha velocidad. Debía pedir un deseo según la superstición popular, pero no creo en esas tonterías. Para embromar, nada más que para embromar, pedí un deseo demasiado improbable, algo que fuera muy difícil de cumplir: que cayeran dos estrellas fugaces más. Segundos después, pude ver, obviamente incrédulo, como dos estrellas fugaces más caían en la misma dirección que lo había hecho la primera. Admito que me sorprendí del hecho, pero rápidamente le encontré una explicación lógica al tema: esto debe tratarse de ese fenómeno astronómico que los científicos saben llamar “enjambres de meteoritos”, que es mucho más común de lo que parece. Entonces, aclarado para mí el asunto, solo me quedaba seguir llevando a cabo esa especie de juego con el que me burlaba de las costumbres de la superstición, y como ahora contaba con dos deseos más, los utilicé y esto fue lo que pedí: que por cada estrella fugaz que apareciera en el cielo, cayeran dos más. Y eso fue exactamente lo que minutos después sucedió, ya que cuatro estrellas fugaces cruzaron su hermosura por el cielo, destacándose notoriamente contra ese fondo bien oscuro que no poseía ni la luz de la luna. Llegando a la parada del ómnibus, y ya bastante desconcertado, volví a pedir el mismo deseo a cada una de las estrellas por lo que al rato pude ver como caían ocho estrellas fugaces más. Estuve largos minutos viendo esas hermosas luces cósmicas y a su vez pidiendo más deseos, por lo que pudo verse como cayeron dieciséis estrellas fugaces, y luego treinta y dos, y luego sesenta y cuatro, y luego ciento ocho…
Cuando por fin apareció el ómnibus, el cielo brillaba tanto que parecía que ya había amanecido, pero no, recién eran las cinco y media de la mañana, y cientos de meteoritos caían sobre la tierra, destruyendo todo en el lugar del impacto. Cuando por fin llegué al trabajo, ya reinaba por completo el caos en la ciudad. Cientos de muertos yacían en la calle víctimas de los meteoritos, los heridos vagaban por las calles sin sentido, los edificios se hallaban en ruinas. Mientras tanto, los científicos debatían estupefactos el extraordinario suceso, intentando develar por que la atmósfera no había logrado, mediante la fricción, pulverizar esos fragmentos de rocas espaciales como suele hacerlo siempre. Pero bueno, en realidad de poco serviría que lograran saber lo que sucede, por que lo mismo ellos no podrían hacer nada para detener la caída de esos bólidos. Quizás, solo quizás, si yo pidiera a alguna de esas miles de estrellas fugaces que ahora están surcando el cielo, el deseo de que ya dejaran de caer, tal vez este desastre se detendría para siempre. Pero no, nunca lo haría, porque yo no creo en esas supersticiones que son cosas de personas mediocres e ignorantes, yo soy una persona muy seria para creer en ese tipo de estupideces…

martes, septiembre 23

El cuchillo


Caminé cuatro cuadras hasta llegar a la parada del colectivo. Me senté en el cordón de la vereda, aprovechando la generosa sombra de un árbol y revolviendo mi mochila, saqué un libro de poemas, “El cuchillo” de un tal Stavniel Iser. Micaela, me lo había regalado para nuestro segundo año de novios, aún sabiendo que no me gusta mucho la lectura y mucho menos la poesía, al contrario de ella, a una verdadera amante de las letras.
Como sabía que el ómnibus se iba a demorar, como sucedía siempre, aproveché esa tediosa espera para darle una ojeada a ese libro…

“¿Qué es
lo que te hace pensar
que soy un ser
previsible y confiable?
Tan solo
espera ver
como hago relucir
el filo de mi cuchillo.
Las pupilas
de tus bellos ojos
se dilatarán,
como si de pronto
te convirtieras
en una gatita
dulce y sumisa.”

Cada tanto, levantaba esperanzadamente la vista, para ver si venía de una buena vez ese maldito colectivo. Pero a esa hora de la siesta, con ese calor sofocante, la verdad es que pasaron varios sin que viera ni siquiera un solo auto.
Micaela me esperaba, y yo cada vez estaba más ansioso por llegar a su casa y darle la sorpresa.
Casi no podía contener el acelerado latido que nacía en mi pecho cada vez que pensaba en ella.
Obviamente, esa demora para nada ayudaba a calmarme…

“Dime:
¿por qué depositaste
tu confianza
tan ingenuamente
en mí?
Ahora
ya debes imaginar
que dormirás
muy profundamente,
lamiendo el dolor
de la fría carne
que ya no cicatrizará,
pero que comenzará
a comprender
toda la verdad.”

De pronto apareció el ómnibus. Me paré dificultosamente, ya que la larga espera, sentado sobre la calle, me había adormecido las piernas. El calor se hacía sentir y aproveché un asiento solitario que se encontraba del lado en que no daba el sol. De todos modos, transpiraba copiosamente, ya no debido al agobiante calor, sino a esa crisis de nervios en la que lentamente estaba cayendo. Abrí la ventana para que me diera un poco de aire e intenté por un momento pensar en otra cosa…

“¿Porque tiritas?
¿De frío?
¿Tal vez de miedo?
¿O quizás
temes convertirte
en nada,
en el mismo olvido?
Yo pude
haberte reinventado
en la más
hermosa deidad
que pudo haber habitado
en el Olimpo,
pero tú
te encaprichaste
en seguir siendo
cenizas
de una vulgar mortal.”

Ya iba por la mitad del viaje. Y a medida que me iba acercando a mi destino, mi mente se transformaba en un torbellino de imágenes que me torturaban. Ya no soportaba pensar en ella ni un minuto más.
Un amigo, mi mejor amigo, me contó que por casualidad la había encontrado el sábado anterior en un pub y describió con lujos de detalle todo lo que había visto. Desde el momento en que me enteré de ello, sentí que el mundo se desmoronaba y poco importaba ya lo que pudiera suceder.
Para calmarme, y para no seguir angustiándome con esos pensamientos, me refregué los ojos, respiré profundo y abrí nuevamente el libro, leyendo algunas páginas al azar…

“Aún guardo
celosamente
la reliquia de tu temor,
la imagen
de aquella fortaleza
que parecía inexpugnable.
Esta es
mi bigamia espiritual,
de querer hacerte el bien
tanto
como querer
hacerte el mal.”

Me bajé del colectivo y luego de caminar dos cuadras, llegué hasta su casa. Sus padres se habían ido de vacaciones a Necochea, por lo que teníamos tiempo para estar los dos solos. Toqué el timbre y pude sentir sus pasos bajando rápidamente las escaleras. Sin dudas me estaba esperando. Apenas abrió la puerta, vi como su pequeño y delicado rostro se iluminaba con una sonrisa y dando un pequeño salto, me abrazó y me besó desesperadamente mientras que de un tirón me metía en la casa.
-Mi amor, te extrañé muchísimo todos estos días.
-No me vengas con boludeces… Fabián me contó que te vio el sábado a la noche, a los besos con un tipo y que después te fuiste con él en un auto, vaya saber a donde…
-Pero Marcos ¡Te juro que eso es mentira! Estuve todo el fin de semana en la casa de mi abuela y no salí a ningún lado. Te lo juro, mi amor, tan solo hoy salí y fue para que pudiéramos encontrarnos aquí…
-Disculpame pero no te creo…
-¡Vos siempre con tus celos enfermos! Sabés perfectamente que ese amiguito tuyo, Fabián, es un hijo de puta con el que nos odiamos desde la escuela primaria. No podés creerle así tan ciegamente…
-Mirá Mica, ya no aguanto más esto… o sos absolutamente mía o no sos de nadie…

Aún maldigo aquel momento en que abriendo la mochila, saqué el cuchillo y descargué toda mi furia sobre su delicada piel. La última puñalada que le di me trajo nuevamente a la realidad, pero ya era muy tarde. Su hermoso cuerpo, teñido de rojo, ya me era distante y extraño y su mirada, que no era tal porque ya nada veía, quizás guardó como última imagen de sus retinas, mi rostro totalmente desencajado.
Cuando llegó la policía, me encontró al lado de Micaela, sentado sobre el charco de sangre, acariciando sus largos cabellos con ternura y con dolor, mientras terminaba de leer ese libro que tiempo atrás ella me había regalado.

lunes, septiembre 22

Suelo pisar el suelo


Suelo pisar el suelo, temiendo que este desaparezca, que se volatilice, y que quede mi cuerpo cayendo hacia la nada, o que al contrario, que quede eternamente suspendido en el desnudo aire. Suelo pisar el suelo expectante de cual puede ser mi último paso, del instante en que una simple pisada determinará el final de este camino, el cruce de la ansiada y temida meta. Suelo pisar el suelo temiendo que la arena se vuelva movediza, y la tierra se transforme en barro y el piso se haga resbaladizo, y que el cemento excitado bajo el sol, me queme en un breve momento mis pies descalzos. Suelo pensar en todo esto justo en aquellas ocasiones en que sin querer, suelo volar en cielo…

sábado, septiembre 20

Resaca


Un maldito big bang despliega con violencia su infinita energía en mi malherido estómago de manera impiadosa, persistente, revolviendo el alcohol en ese agujero negro en que se transformó mi hígado. Mis pies hoy están hechos de arena y creo
que hasta la más ligera brisa podría desparramar por todo el suelo mi pálida anatomía. Me siento miserable, destruido, desparramado sobre sábanas húmedas y sucias, sabiendo que lo único que haré en las próximas horas será lamentarme muy quejosamente. Dioses Baco y Dionisio: ¿Por qué me engañaron? Me permitieron olvidar muy rápidamente los demoledores efectos de estas fatales resacas y me dejaron beber de aquel alcohol con total descontrol, como si nunca existiese un mañana. Pero a pesar de todo, por más que hoy soporte un gran cargo de conciencia, se que mañana apenas se diluyan estos tétricos efectos, estas lamentables consecuencias de una fabulosa noche, se que volveré a enfrentarme a aquel delicioso y placentero líquido que nuevamente me liquidará. Amén.

viernes, septiembre 19

Regreso al infierno

(FOTO: "Autoretrato", de Pérez Célis)
Amanece, y los rayos del sol comienzan a destruir aquel bello paraíso onírico que había inventado para hacerme regresar a la fuerza a las llamas rojas de la realidad. Amanece, y la claridad luego muestra la imagen descompuesta que me devuelve el espejo. Pero no deseo mirarme, no quiero saber quien soy, como soy. Odio mi rostro, como cada mañana, y lavo mi cara con agua bien fría para quitarme esos rasgos que me aterran, que me apenan. Amanece, me disfrazo con mis ropas, me coloco la careta, programo mi vida y salgo a la calle a terminar de consumirme en ese infierno desquiciado que muchos llaman “Mundo Real”. ¡Por Dios! ¡Que pronto vuelva la noche! ¡Que pronto regrese mi sueño!

miércoles, septiembre 17

Correr


De pronto dejo de correr como un loco, de hablar sin escuchar, de actuar sin pensar, de vivir sin gozar. Simplemente me detengo y respiro profundo, estiro el cuello y guardo silencio, para que inevitablemente me comience a hacerme preguntas: ¿Qué estoy haciendo? ¿En donde estoy? ¿Hacia donde voy? Y me doy cuenta de que nada tiene sentido, de que no existe una razón lógica que pueda explicar, porque el mundo se maneja de esta manera y porque nosotros nos embarcamos ciegamente en esa locura maldita. Y lo peor de todo, no es el desconocer la mágica solución de esta pesadilla. Lo peor es que muy pronto dejaré de escribir, y nuevamente, volveré a correr como un demente…

martes, septiembre 16

El cielo se cae


El cielo se cae, las constelaciones pasan veloces ante mis ojos asombrados. La Cruz del Sur se levanta decidida, y ocupa un lugar en el glorioso cenit. Todo el cosmos actúa caótico, enloquecido, y puedo ver como la luz roja de Marte se agiganta majestuosamente, al igual que ese lucero llamado Venus, y que el gigante Júpiter, y que el mágico Saturno… Y la Luna, esa vieja y fiel compañera, se aproxima a nosotros tan cerca, que pareciera que intentara besarnos. Los cráteres de Selene ya pueden contemplarse con bastante nitidez, y su blanquecina luz pronto logra iluminar de manera fantasmagórica la fría noche de julio. No hay nada por hacer, no hay como impedir el final, el cielo se cae y yo, tal como cada uno de ustedes, me convierto en un afortunado espectador que contempla azorado, maravillado, y no se porque también feliz, como el infinito universo se desploma trágicamente sobre La Tierra.

domingo, septiembre 14

¡GOL!


El jugador número ocho recuperó el balón en el mediocampo, trabando fuertemente con el número diez del equipo rival, llevando la pelota casi sobre la línea de cal, tan veloz, tan potente, que las piernas de los jugadores que salían a marcarlo terminaban pateando el aire, persiguiendo al viento, embistiendo la nada. El número ocho llegó hasta la altura del área, y desde allí impulso la pelota con un soberbio derechazo que se elevó en el tenso aire, congelando las miradas de los hinchas que se hallaban expectantes en la colmada tribuna. El balón cayó de golpe, de emboquillada, y se clavó en el ángulo derecho ante un sorprendido arquero que solo atinó a ver como el fugaz balón se colaba dentro del arco. ¡GOL! ¡GOLAZO! El hincha se abraza con otro hincha, que puede ser conocido o no. El periodista dice que el número ocho quiso poner la pelota justo allí.
Otro periodista dice que el gol fue de pura casualidad, que el jugador número ocho en realidad intentó tirar un centro a sus compañeros. La verdad es que no importa. Fue gol. ¡GOL! ¡GOLAZO! Un torbellino de camisetas de hermosos colores azules y blancos se abrazan entre si, tanto en el campo de juego como en las tribunas. Todos festejan tal como lo hago yo, saltando, riendo, cantando, gritando, llorando, sintiéndome en este preciso instante la persona más feliz de todo el mundo. Si, se que solo se trata de un simple partido de fútbol pero que puedo decir… Nada, realmente nada, me importa más en este emocionante momento, que ese gol, que ese hermoso golazo azul y blanco…

sábado, septiembre 13

Me persiguen


Me persiguen los segundos, los minutos, las horas, los días.
Me persiguen implacablemente, con paciencia, muy lentamente.
Me persiguen confiados porque saben que al final me alcanzarán, porque conocen muy bien cual será el final de esta pálida historia.
Me persiguen las semanas, los meses, los años, las décadas, y soy una presa fácil, una víctima débil e indefensa que espera con resignación que el colmillo del tiempo muerda mi cansado corazón y lo devore. Solo en ese momento el reloj se detendrá y todo, por fin, dejará de correr. Para siempre.

jueves, septiembre 11

MICROCUENTOS 10


APOCALIPSIS: Universo, estómago de dios, revoltijo de eterna resaca. Nosotros somos la maldita aguardiente que lo emborrachó, el alcohol que lo aturdió y lo hizo caer. En la eterna madrugada en que Él ya no soporte continuar con estas agudas nauseas, vomitará todo su mal en un agujero negro, y tendremos por fin nuestro ansiado, nuestro justificado, Apocalipsis. Las profecías ya no serán simples amenazas de pobres dementes. Serán un hecho.

DISPARA: Amor, no dejes de apuntar mi sien. Amor, no dudes en disparar mi piel. Tú y yo, sabemos que solo así tu trabajo podrá tener su fin. Por favor, ya hazlo y no seas cruel. No me dejes a medio morir, que no existe alguna compasión en la burlona risa con que contestas, ni en la mirada fría que me ve sin mirar, ni en las palabras que guardaras dentro de ti. Por favor, aprieta ese gatillo de una buena vez, que ya comienzo a sentir el temor de sobrevivir a este hechizo que me mantiene con vida, pero lejos de ti.

MOSCAS: Moscas, cientos de moscas repugnantes, incansables, revolotean cargosas, caóticas, uestros rostros que se encuentran rojos, bañados de sudor. En ningún momento nos detendremos a pensar si nosotros no somos parte de esa misma mierda que casi pisan los zapatos en nuestra marcha apresurada. Mierda, que ellas, las asquerosas moscas, desean golosamente lamer y probar.

DESFASAJE: Nunca aprendí a contrarrestar ese maldito desfasaje que provoca que cuando todos estén volviendo, yo recién vaya, y que cuando yo regrese, me quede absolutamente solo. Ahora temo ir a buscarte, porque se que apenas abandone mi casa, tú regresarás, y que cuando regrese a mi hogar, tú ya te habrás marchado, para nunca más volver. ¿Qué es lo que debo hacer?

ESTÁS OTRA VEZ: Estás otra vez a mi lado, Juntacielos, para que pueda volver a habitar en tu laberinto infinito. Estás otra vez a mi lado, Robasoles, para que abandone el patético frío, ese cruel refugio de las sombras. Estás otra vez a mi lado, Cruzatiempos, para hacerme sentir que sin ti nunca he tenido un pasado. Estás otra vez a mi lado, y esta vez, te pido por favor, Crealegrías, Inventasueños, Repartemagias, no te marches, ya no te alejes más de mi lado…

miércoles, septiembre 10

Polvo


Conmoción, locura… Todos corren desesperados sin mirar a quienes pisan, a quienes lastiman. Todos huyen de forma anárquica sin tener a donde ir, chocan y se tropiezan y no dejan de gritar de pánico, de terror, de desolación. El aire, huele a miedo, a muerte, a sangre fresca, y yo estoy allí, de pie, en medio de todo el alboroto, mirando a esos mortales comportándose como los animales que son, sufriendo lo que tienen que sufrir. Levanto mi hoz en alto y la garganta realiza el aullido más estridente y desgarrador que le es posible. Polvo, al fin y al cabo todo fue, es y será polvo, que viaja en el viento y que cruza la ciudad desbastada por este Apocalipsis.

lunes, septiembre 8

El joven, el ómnibus y la bella


No pocas veces he oído aquella anécdota en la que un joven (a veces un amigo, en otras un conocido, en muchas otras un desconocido) viajando en ómnibus se enamora de una bella mujer, joven y dulce, frágil y sensual, en el mismo instante en que los oníricos ojos de ella se encuentran con su mirada. El resto de la historia suele variar en ciertos aspectos, pero en general todos los relatos comparten el mismo final: el joven (ya sea mi amigo, mi conocido, o el desconocido) desciende del ómnibus sin haberse animado a acercarse a ella para preguntarle el nombre, y sin siquiera atreverse a decirle el suyo. Entre ella y el joven solo hubo miradas que se rozaron con timidez, ansiosas e ingenuas. Entre ese ángel que apareció en esta parte del mundo, y aquel simple mortal vulgar, mediocre y cobarde, solo hubo un intercambio de tontas sonrisas insinuadas, de algún que otro gesto estúpido como el de levantar una ceja, o el de morderse lentamente el labio superior, o hacer un suspiro de enamorado, o un murmullo cómplice. Ahora bien, ¿Saben que pienso de esta historia tantas veces escuchada? Yo creo que esa joven tan bella y seductora que enamora a tantos hombres diferentes y de distintos lugares, es en realidad una sola mujer, una misma mujer. Y creo que es bastante lógico que aquellos jóvenes no se hayan animado a acercarse a ella, ni se hayan atrevido a conocerla. Porque para mí, para mi modesto punto de vista, esa mujer hermosa e imposible es ni más ni menos que la felicidad personificada, la mismísima dicha que tomó cuerpo de mujer y que nadie se anima a conquistar…

domingo, septiembre 7

Lluvia


Llueve, y escucho caer cada gota como si fuera el segundero de un reloj que me aturde y desespera. Llueve, y huelo el aroma del pasto mojado, de la tierra que ya es barro, y del asfalto que ahora es río, y estoy cansado. Cansado de estar encerrado en este cuarto que parece el camarote triste y enmohecido de un barco que va a la deriva, bajo una tormenta perfecta. Afuera llueve, adentro llueve, y dentro de mí también llueve. Las goteras que se filtran en ese colador que tengo de techo, me ahorran la molestia de bañarme, de lavar los platos, de limpiar los pisos, de regar las plantas, de bañar mi perro…
Adentro llueve, y mis zapatos flotan sobre la correntada que fluye por el pasillo.
Mi casa se inunda, el barrio se inunda, la ciudad se inunda.
Dentro de mi llueve, tanto como afuera, tanto como adentro.

viernes, septiembre 5

MICROCUENTOS 9


CAOS: Desorden, caos, el mundo explota y no puedo escapar. Veo llamas que consumen todo en solo cuestión de segundos y no puedo hacer nada, salvo intentar zafarme de estas mugrientas cadenas que me mantienen prisionero en esta absurda cárcel que se extiende hasta el mismo infinito… Es mi fin… Es el fin del mundo.

PUERTAS: Dejé una puerta abierta para fugarme cada vez que me viera en peligro, sin que nadie pudiera sospecharlo. Dejé otra puerta abierta para volver cuando quisiera, sin que nadie pudiera verme en el momento de hacerlo. Pero temo que aquella puerta oscura por la cual me estoy fugando, sea en realidad la entrada a una celda. Pero temo que esa puerta por la que ahora estoy regresando, sea en realidad el ingreso a una gris institución siquiátrica, a un pútrido manicomio…

LLOVIZNA: Llovizna copiosamente y hace demasiado frío. Me siento solo y muy desilusionado. No se en que momento terminé de resignarme y dejé de esperarte. Ahora, solo veo caer esas miles de gotas heladas, mientras pienso en que mierda voy a dedicar mi tiempo cuando por fin logre olvidarme de vos, para siempre.

LOCO: A la gente le agrada hacer alarde de su locura. Habla de llevar una vida loca, de andar como loco, de gastar el dinero en locuras, de ser un loco lindo, de perder la razón por un amor. Pero estas personas de ninguna manera sufren algún tipo de demencia, ya que el que realmente está orate, nunca lo reconoce, jamás llegará a admitir esa condición. Por lo tanto, te advierto claramente, que yo opino sobre este tema sin que en ningún momento te pida que me des la razón… ¡Porque yo no estoy loco!

ELECTRICIDAD: Amor, corriente eléctrica que recorre libremente, sin ninguna resistencia, por el alterado sistema nervioso. Amor, tan fulminante como lo puede ser un relámpago, en una violenta tormenta de verano. Amor, tan reanimante como un desesperado electroshock que te rescata oportunamente de los fuertes brazos de la parca. Amor, estoy aquí sentado, firmemente sujetado por tus correas, esperando que me electrocutes. Amor, por favor, descarga sin piedad toda tu energía en mí...

jueves, septiembre 4

Horóscopo maldito


HORÓSCOPO MALDITO (Por el Profesor Monstruodamus)

(¡Ojo! No apto para supersticiosos de verdad)

ARIES (21/03-20-04): Sufrirá una muerte horrible y lenta. Desconfíe de los cirujanos jocosos, de los anestesistas optimistas y hasta de los dentistas simpáticos. Previsión: Firme su eutanasia por anticipado y tenga los papeles del seguro de vida al día, cosa de poder dejarle algo de dinero a la viuda.
TAURO (21/04-20-05): Definitivamente, esta no es su semana. No viaje, no salga de casa, no encienda aparatos electrónicos, no prenda fósforos y no manipule ni cuchillos, ni tijeras, ni ningún elemento cortante. Y por sobre todo, este atento: en cualquier rincón de su casa, en cualquier esquina, La Parca lo espera ansiosamente.
GÉMINIS (21/05-21/06): La posición de los anillos de Saturno sobre el zodíaco es peligrosa, ya que muestran un inusual filo apuntando a su constelación. Por lo tanto es muy probable que sufra la amputación de uno o varios de sus miembros. Pero no se preocupe, no perderá la vida, aunque a decir verdad, poco tendrá de vida el tiempo que le quede de existencia.
CÁNCER (21/06-23/07): Comparta esta semana el mayor tiempo posible con su familia, ya que en un alegre y despreocupado viaje de vacaciones que realizará más adelante, la perderá. Por lo tanto, saque muchas fotos y filme hasta la travesura más tonta que hagan sus hijos porque lo más probable es que esa será la última. Ah! Y vaya buscando pareja, si es que no quiere quedarse solo…
LEO (24/07-23/08): Descubrirá a su pareja en la cama con su mejor amigo/a y asesinará a ambos. Cuando intente suicidarse, es muy posible que los astros alineados se lo impidan. Verifique tener balas suficientes, de lo contrario lo condenaran a cadena perpetua. Pero terminar en la cárcel tendrá su parte buena: allí encontrará una pareja estable y fiel.
VIRGO (24/08-23/09): La posición de la luna ejerce una clara influencia en su signo y no da lugar a dudas: por acción de las mareas, usted morirá ahogado. Evite bañarse, beber agua, navegar, lavar el auto, caminar bajo la lluvia y hasta comer galletitas de agua, hasta que este ciclo negativo acabe. Desconfíe de bomberos, aguateros y bañeros.
LIBRA (24/09-22/10): La influencia de los astros sobre su signo es inevitable: usted sufrirá un envenenamiento y fallecerá. No necesariamente será ingiriendo cianuro o algún otro veneno, lo más probable es que sea con la apestosa comida que almuerza en el trabajo, los tallarines de su suegra o la lasaña que le prepara su esposa. No sea confiado, hágale probar todo lo que vaya a comer a su odiado perro.
ESCORPIO (23/10-22/11): Su afición a los prostíbulos, cabarets, boliches swingers, mujeres fáciles, etc. le jugarán una mala pasada. Contraerá una enfermedad venérea letal que le hará arrepentirse de tanto vivir la vida loca. Pero no se preocupe, podrá echarse el último polvito: será cuando, luego de ser cremado, sus cenizas vuelen en el aire.
SAGITARIO: (23/11-21/12): Usted que durante toda su existencia estuvo acostumbrado a vivir "de arriba", sufrirá también desde arriba su triste final. Es muy probable que en alguno de estos días, la caída de una maceta desde un balcón, la de un meteorito errante, la de un avión en llamas, o la de cualquier elemento contundente, impacte de lleno contra su cabeza ocasionándole una muerte instantánea. Se le aconseja usar casco continuamente y, cada tanto, mirar aunque sea un ratito hacia el cielo.
CAPRICORNIO (22/12-20/01): Los poderosos campos magnéticos y electrostáticos de Júpiter se trasladan hasta su signo: riesgo de morir electrocutado. Si usted es músico se le aconseja realizar solo recitales "unplugged". Para quienes usan vibradores: abstenerse. Evite salir bajo tormentas eléctricas, usar aparatos electrónicos y si es posible, acercarse a cualquier tipo de pila, aunque sea una de esas chiquitas AAA. Consejo: viva “aislado”.
ACUARIO (21/01-19/02): Sufrirá una muerte absurda e insólita. Quizás en una confusión, ingrese al estadio vistiendo su camiseta de River Plate, pero ubicándose sin querer en la tribuna de Boca Juniors, o tal vez se tire de cabeza a una pileta justo en el momento en que acababan de sacarle le agua agua, o quizás muera picoteado por el último cóndor que queda con vida en las sierras cordobesas, o se degolle accidentalmente con su maquinita de afeitar. Tenga cuidado: ¡No sea boludo!
PISCIS (20/02-20/03): Usted será el único afortunado de todo el zodíaco: muy pronto ganará mucho dinero, puede ser a través de una herencia, de la lotería, de un pleito judicial que haya entablado hace mucho tiempo, en el casino, etc. La mala noticia es que cuando usted gane esa fortuna su corazón no resistirá tanta emoción y reventará de un infarto. Pero no se queje, piense que mucha gente pobre muere sin tener un digno funeral, y en su caso, el funeral será todo un lujo…

martes, septiembre 2

Plaza desierta


Tengo ganas de no hacer nada. No tengo ganas de nada.
Solo me quedaré sentado, en esta plaza desierta mirando aquella hamaca que se encuentra rota, aquel tobogán que quedó destruido, ese subibaja que está inutilizado, partido por la mitad.
Nada de ganas tengo. Tengo ganas de nada.
Escucho mi respiración, el viento, el trino de un gorrión, pero no la risa de los chicos, ni sus gritos, ni sus canciones, ni sus peleas, ni sus llantos.
No tengo ganas de nada.
Si no estuviera rota aquella hamaca, quizás me levantaría de este banco solitario y comenzaría a volar, como lo solía hacer mucho tiempo atrás.
Antes, si que tenía ganas de hacer de todo…

lunes, septiembre 1

Abecedario


Ahora,
Borracho,
Continuaré
Decidido,
Enfrentaré
Fracasos
Gloriosos
Hasta
Ignorar
Justicias
Kafkianas.
Lúgubres
LLamas
Marchitarán
Noches;
Ñoñas
Oscuridades
Podré
Quemar,
Rompiendo
Sigilosos
Temores.
Un
Vaso,
Whisky
Xxx
Y
Zarparé.

sábado, agosto 30

Suena mi celular



Suena mi celular en algún lugar perdido de mi casa, y no lo encuentro. No se donde está, pero se muy bien que es ella quien me llama.
El teléfono suena insistentemente pero aún así no consigo hallarlo, como si una maldición hubiese caído sobre mí para alejarme de ella, para acercarme hacia mi propio fin.
Se que quién llama es ella, no puede ser ninguna otra persona.
Pasan rápidamente los segundos, hasta convertirse en un largo minuto, y el celular se queda callado, y su música, su dulce ring-tone, deja de sonar para siempre.
No se como explicarlo, pero se a ella quien intentaba comunicarse conmigo. Lo se, así como se también que nunca más ella volverá a llamarme.

jueves, agosto 28

Él



Al fin, un día, él se cansó de arrojarse al vacío, desanimado por tanto repetir esa ceremonia en cada fecha de cumpleaños. Y se dio cuenta de que no quedaban más balas disponibles para viajar por sus carnes, esas balas que utilizaba contra si mismo cada vez que el pasado se despertaba en su mente, y lo acosaba con sus culpas.Y se aburrió de balancearse casi graciosamente, sujeto de una gruesa soga que colgaba del techo y que rodeaba su cuello, tal como acostumbraba a hacerlo en aquellos momentos en que no creía en nada y sufría en su interior una soledad insoportable. Y observó hasta el hartazgo, como en esas noches en que no tenía a nadie cerca a quien pedirle perdón, sus fatigadas venas iban desafilando cada uno de los oxidados cuchillos que tenía en su casa. Y se hastió de consumir drogas, sin que nunca llegara a esa ansiada sobredosis y de aspirar el gas que escapaba del horno de la cocina, sin que nunca lo durmiera y asfixiara y de las descargas eléctricas que nunca lo fulminaban y de beber hasta lo intolerable, todos los venenos a los que finalmente resultaba ser inmune y del profundo y embravecido mar que no lograba ahogarlo y del indomable fuego que no lograba hacer arder su piel y de los trenes veloces que lo atropellaban, sin causarle daño alguno. Al fin, un día, él se dio cuenta en que consistía todo aquello, y recién en ese momento se percató quien era en realidad, y descubrió que jamás hubiese podido suicidarse, ya que su condición jamás se lo hubiese permitido. Él era una divinidad que gustaba soñar con ser simple mortal y que solía olvidarse muy a menudo que pertenecía a la monótona y aburrida eternidad. Él, solo de esta manera podía jugar incansablemente a enfrentarse con la muerte, esa dama misteriosa y desconocida a la que nunca llegaría a conocer personalmente. Él era un dios pagano. Una deidad. Él era ni más ni menos que Dios.

miércoles, agosto 27

Mi final



Se acerca mi final lo se. Puedo sentir el aroma del abismo invadiendo mi habitación. Puedo escuchar los gemidos del tiempo gozando el ocaso. Todo se termina y ya no tiene sentido que me preocupe por quién cuidara mis pertenencias, por quien velará mi recuerdo, por quien me rescatará del olvido. Me voy arrastrado por lo inevitable, enredado entre lo que fui y ya no volveré a ser.Se acerca mi final y sin embargo no siento nostalgia, no siento miedo, no siento rencor. Lo único que alcanzo a sentir en este momento tan intenso, tan dramático, es curiosidad. La misma curiosidad que me solía invadir cuando solo era un niño, un simple niño que se creía inmortal.

lunes, agosto 25

Terminal de ómnibus


La terminal de ómnibus está repleta de gente que camina apurada de aquí para allá, cargada con grandes bolsos y pesadas maletas. Algunos viajan por placer, y eso se lo puede ver reflejado en sus rostros. Otros, lo hacen egocios, o por estudio, o por un reencuentro familiar, y todo ello también se puede vislumbrarlo en aquellas caras. Yo también camino apurado, de aquí para allá, cargado con grandes bolsos y pesadas maletas. Estoy huyendo de mi ciudad, de mi vida, de mí mismo. Y creo que todo eso, igualmente puede contemplarse dibujado en mi faz tan desencajada y perdida. Porque la terminal de ómnibus está repleta de gente. Y yo me siento solo.

domingo, agosto 24

El Príncipe Azul


Era una noche fría de invierno y parecía que todas las personas del barrio ya se encontraban a esa hora durmiendo en sus cálidas camas. Ella, distraída y quizás ansiosa por llegar a su hogar, cruzó la calle sin mirar a ambos lados y no se dio cuenta que un automóvil se acercaba a gran velocidad. El conductor de ese coche estaba muy alcoholizado y no tuvo reflejos para evitar atropellarla. Inevitablemente, ella fue arrojada al asfalto, semiconsciente, aturdida por el golpe y los dolores, mientras que el borracho que la atropelló, emprendía una cobarde huída antes que llegara la policía.
Pasó unos minutos y otro coche pasó por el lugar. Ella, desde el suelo y aún conmocionada por el accidente sufrido, alcanzó a ver a un apuesto joven que bajaba del auto tal como se podría ver a un príncipe azul bajando de su bello corcel dispuesto a rescatarla. Ese hombre era su ángel de la guarda, su salvador. En esa fría noche de invierno, en la que no se encontraba nadie en la calle, esa noble persona se había detenido a socorrerla. Él joven la tomó cuidadosamente entre sus brazos y la acostó en el asiento trasero de su coche. La tapó con una manta que sacó de su baúl y le dijo que no se preocupara porque todo iba a salir bien. Ella, a pesar de sus dolores y de que no podía moverse mucho, suspiró aliviada. “Gracias a Dios voy rumbo al hospital, ya no aguanto mas tanto dolor”, pensó ella mientras veía a través de la ventana pasar la copa de los árboles que cada tanto dejaban ver entre sus ramas una hermosa luna llena. De pronto, el auto se detuvo en un sitio oscuro y silencioso. Rápido se dio cuenta que no se encontraba en un hospital, sino en un lugar descampado, quizás en las afueras de la ciudad. Intentó levantarse, pero los dolores y las quebraduras se lo impidieron, intentó gritar pero le faltaba el aire, y de pronto quedó completamente inconsciente. El joven se bajó del auto y abrió la puerta trasera en busca de ella.
Es que los príncipes azules, lamentablemente para ella, tan solo existen en los cuentos de hadas…

sábado, agosto 23

Rutina


Maldita costumbre la que posee nuestro temperamento: facilitarnos prontamente en los momentos más tensos de esas palabras que más hieren, de otorgarles a nuestros labios un arsenal de frases, listo para ser usado y así lastimarnos, y distanciarnos, cerrando con ello todas las puertas, cortando de esta manera cada camino. En cambio cuando se intenta reconstruir la armonía, tan lenta y cuidadosamente como a una torre de naipes, o cuando simplemente se intenta transmitir la felicidad que nace de la compañía, de la unión y del afecto, la boca se vuelve un inmenso desierto y los silencios abundan como la misma arena. Ese absurdo orgullo, mientras más intenta aparentar ser fuerte más nos sigue debilitando ante esa inevitable y ruin rutina, que nos enceguece, nos anula y nos impide apreciar en todos sus detalles, ese paraíso, ese hermoso cielo, oculto y deslumbrante, en el que habitualmente solemos encontramos tu y yo.

jueves, agosto 21

Umbral


¿Qué imagen nos sorprenderá al llegar al umbral? ¿Quién será nuestro guía en aquel sendero? ¿Nos encontraremos quizás con un verde prado, bañado por un resplandor?¿Percibiremos un perfume que nos irá impregnando de una nueva emoción dulce? Quizás leamos en un papel un nuevo nombre por usar. Quizás debamos renacer aún una mañana más, para terminar lo aún inconcluso. ¿Será un lamento sin final? ¿Será un llanto sin dolor? ¿Será caer en la nada perdiendo así la noción para siempre? Quizás todo se olvidará. O quizás todo se recordará mejor, y lo que yo fui y ya no seré, pronto dejará de tener sentido. ¿Seguiré siendo yo al cerrar mis ojos? ¿Se disolverá la conciencia para pasar a ser parte de la nada? Si pierdo aquellos rastros que he ido dejando a lo largo del camino, ya no tendré esa única oportunidad de poder contártelo.

miércoles, agosto 20

No apagues la luz



No apagues la luz, que siento mi piel estremecer por ese constante murmullo que ya parece un zumbido, y que proviene de algún lugar oculto de mi cuarto.
No apagues la luz, que mi imaginación ya se puso en marcha, y aparecen en mi mente como relámpagos, como flashes, imágenes burdas, fantásticas, siluetas monstruosas y exuberantes.
No apagues la luz, que ya casi puedo ver a los duendes, a los gnomos, a los hechiceros, a las brujas, al diablo, al ángel…
No apagues la luz, que mis pies no alcanzarán a correr tan rápido como lo necesito para poder escapar de esa maraña de sábanas y acolchados, y salir de esa habitación maldita para llegar a tu dormitorio y saltar a la cama.
No apagues la luz, a no ser que quieras compartir un tercio de tu cama entre tú y mamá, para que yo pueda dormir tranquilo protegido y malcriado.
No apagues la luz, papá, que aún puedo escuchar claramente ese maldito murmullo que no me deja dormir en paz esta noche...

martes, agosto 19

La Bala

La bala se encuentra tranquila, somnolienta, mientras descansa recostada en el tambor del revólver. De a ratos, sonríe inocentemente, como suelen hacerlo los bebés cuando sueñan (¡vaya uno a saber con que!) entre los cálidos y cariñosos brazos de la madre. La bala sonríe, quizás imaginando el momento en que tú, tan lenta como despreocupadamente, te cruces en su camino marchando con una alegría casi idiotarumbo a su encuentro. Ella sonríe, por que sabe que no desaprovechará esa oportunidad única de probar el sabor de tu tibia carne. Tú caminas sin imaginar el final y nunca recordarás cual fue tu último pensamiento, tu último deseo, tu última palabra. Tú caminas hacia a ella, sin darle importancia al momento en que la bala gritará un estallido y todo, súbitamente, letalmente, entrará en calor hasta convertir el escenario de la calle en un infierno. De pronto, ella abre la boca de su rostro de plomo, mientras corre hacia ti como un rayo para saborear la sangre, tu sangre, que comienza a catar como a un vino añejado, apreciando su buen color, su exquisito aroma, su fina textura. Algunos pueden decir que todo se debe simplemente al azar o que es parte del caos universal o que todo está prefijado por el destino. Lo cierto es que tanto a ella, como a sus millones y millones de hermanas, muy pocas veces les falla la intuición. De hecho, en este momento, esa bala encontró un nuevo lugar para seguir durmiendo, ahora ya con la satisfacción de su trabajo realizado. La bala ahora sigue soñando, vaya uno a saber con que, sobre el colchón, ya no tan cálido, de las entrañas de tu cuerpo.

lunes, agosto 18

Nadie

Nadie me escucha. A nadie escucho. Nadie se escucha. ¿De que hablo yo? ¿Qué hablan ellos? Nadie dice nada, mucho menos yo.
Nadie me mira. A nadie miro. Nadie se mira. ¿Cómo son ellos? ¿Cómo soy yo? Nadie existe, mucho menos yo.
Somos sombras que se entrecruzan sobre las paredes húmedas y agrietadas.
Somos fantasmas que no sospechan de que el fuego hace tiempo que ya se ha extinguido.
Si nadie me lee, si a nadie leo, si nadie se lee... ¿Qué será de nosotros? ¿Qué será...?

jueves, agosto 14

Historia


La mujer provoca una mirada.
La mirada activa la atracción.
La atracción desemboca en un impulso.
El impulso nos lleva a pronunciar una palabra.
La palabra despierta simpatía.
La simpatía se transforma en cariño.
El cariño hace irresistible una caricia.
La caricia obliga al beso.
El beso nos convence de estar enamorados.
De estar enamorados pasamos al noviazgo.
El noviazgo se consolida en el casamiento.
El casamiento descubre al verdadero amor.
El amor se vuelve semilla en el embarazo.
El embarazo crea una nueva vida.
Nueva vida que en un pestañeo,
transforma al embrión en feto,
al feto en bebé,
al bebé en niño,
al niño en adolescente,
al adolescente en joven,
al joven en maduro,
al maduro en anciano.
¿Y que fue de aquella mujer,
de aquella atracción,
de aquel enamoramiento,
y de la palabra,
la caricia,
el beso,
el noviazgo,
el casamiento…?
Cenizas.
Solo cenizas.

miércoles, agosto 13

Carta de un señor que quiere más cárceles que escuelas


Pa que gasta guita en educasion? Ay que ase ma carsele que ecuela. Ay que garpale ma a lo polisia que a lo maetro. Ni mi biejo ni mi aguelo fue a la ecuela y no le asia falta. Con saver lee, ecrivi, suma y resta vasta y sobra. El precidente tiene que mete en cana a todo eso pendejo que anda al pedo, chupando bino, faceando, falopeandoce y choreando. Ma que ecuela, carsele ase falta. Y lo maetro que se degen de joder. Si etan todo el santo dia al pedo, una cuanta orita y a las casa y eso que ligan bacasione larga y en inbierno tanvien. Que vaian a pone el lomo alguna ve de alvañil o asiendo poso o linpiando un banio. No ay que gasta ma guita en educasion, sino en ceguridad. Ase falta ma pilisia, ma carsele, ma mano dura, ma control.

Jorge Rafael Argentino.

domingo, agosto 10

Abismo


El abismo estaba a un paso de mis pies. Se encontraba tan virgen para mis incrédulos sentidos, que mi mirada no alcanzaba a apreciar en su total magnitud el misterio y la letalidad que se ocultaba en su profundo ser. Sin saber si seguir contemplando embobadamente aquel paisaje, que me emborrachaba de vértigos y de mareos, o de decidirme de una buena vez por todas a lanzarme para planear por esos tibios aires, con estas alas que todos ven como brazos, con estas plumas que todos ven como cueros, se me ocurrió de pronto que lo mejor que podía hacer en ese momento era abrir de una vez mis ojos para escapar de ese extraño sueño. Y al hacerlo, ya no se encontraba frente a mí ese monstruoso precipicio. Solo estaba cayendo mansamente en el vacío.

sábado, agosto 9

Religiones


Si todas las religiones
conducen al amor al prójimo,
si todas las creencias
elevan hacia la paz,
si cada fe
lleva a la superación
y a la libertad…
¿Que sentido
tiene llamar al dios
con distintos nombres
y adorarlo
de maneras tan distintas?
El enfrentamiento
de diversos pueblos,
o compartir
el mismo credo,
generan reacciones
tan brutales
y violentas,
como la segregación,
el racismo,
la persecución
y hasta la muerte.
¿No sería mejor
creer solamente
en esa luz blanca
pura y poderosa,
y no
en los diferentes colores
que unidos
la conforman?
Tal vez
los diferentes nombres
con que cada religión
llama a Dios,
llegan ante él,
como uno solo.

lunes, agosto 4

El asiento

Una viejita, muy dificultosamente logra subir al ómnibus, pero nadie le cede el asiento, ni siquiera ese joven de no más de veinte años que se hace el dormido, mientras escucha la música que sale de los auriculares de su MP4. En la siguiente parada, sube una joven embarazada que luce orgullosa su hermosa panza de seis meses de gestación, pero aún así, nadie le cede el asiento, ni siquiera esa parejita de jóvenes que se dan besitos de enamorados y que actúan como si nadie estuviese a su alrededor, como si ambos estuvieran en otro mundo y para nada les importara lo que sucede en este. En otra parada, sube con mucho esfuerzo un viejo chiquito y tembloroso que aún apoyándose en su bastón, apenas puede caminar, pero nadie le cede el asiento, ni siquiera ese tipo de no más de treinta y cinco años vestido con ropa de trabajo, que se desentiende de la situación mirando distraídamente a través de la ventanilla. En la próxima parada, sube una mamá con un pequeño bebé en sus brazos y nadie le cede el asiento, ni siquiera esa mujer que debe andar por los cuarenta años, que por su físico debe concurrir asiduamente al gimnasio y que la ignora mientras lee una estúpida revista de chimentos…
Antes de la siguiente parada debo llevar a cabo mi trabajo, para poder luego bajarme rápidamente del coche, pero ante esta indignante situación que observo, nadie dice nada, nadie hace nada, ni el chofer que sigue conduciendo velozmente, contento por el buen sueldo que gana, ni el policía que por disposiciones reglamentarias tiene el beneficio de viajar sin pagar boleto, ni el sacerdote que en lugar de interceder continúa leyendo su Biblia como si nada.
Entonces saco mi revolver, pegó un grito y ordeno a esos insensibles pasajeros que inmediatamente le cedan el asiento a la viejita, a la embarazada, al viejito y a la mamá con su bebé. Todos obedecen sin cuestionar nada y, aprovechando la confusión que se generó, salté por la puerta delantera que se encontraba abierta, antes que actuara el policía que se encontraba en el coche. Para un mejor día dejaré el asalto al ómnibus que había planeado. Hoy tenía que poner algo de justicia.

domingo, agosto 3

John Rambo es un mentiroso

Mi nombre es Dimitri Ivanovich, soy Coronel del Ejercito Rojo Ruso y quiero acabar con una mentira que perduró durante años. ¡Rambo no nos ganó! Estoy hablando de Rambo 3. Si ven con detenimiento la escena en que Rambo es rodeado en medio del desierto, por miles de soldados rusos, podrán verme justo a la derecha del tanque de guerra. Yo estuve allí y puedo asegurar que todo lo que se ve en el filme fue un burdo truco cinematográfico, un malintencionado engaño realizado en una sala de montaje. La verdad es que John Rambo se meó en los pantalones, se largó a llorar como una nenita y salió corriendo como una rata por las arenas de Afganistán, en busca de algún talibán que lo protegiera (¡Qué paradoja! ¿No? ¡Un yanqui pidiéndole seguridad a un talibán!) Durante años, tanto yo como mis subalternos tuvimos que soportar las burlas de todo el mundo por culpa de esta falacia organizada por el imperio estadounidense. A mi casi me dan de baja del ejercito y me salvé de comparecer ante el tribunal militar acusado de incapaz y de poner en vergüenza a mi país (¡Como es posible que un solo yanqui le pueda ganar a 2.000 soldados rusos!). Incluso mis hijos durante años no me miraban a la cara debido al deshonor que había llevado a mi familia. Repito, todo lo que se ve en Rambo 3 ¡es mentira! Exijo una revancha, un partido desempate, un piedra-papel-tijera, algo para salvar mi dignidad y mi orgullo. ¡Me las pagarás John Rambo, maldito cobarde y meón de los desiertos!
Desde Rusia, con amor, Dimitri Ivanovich, Coronel del Ejercito Rojo ruso. ¡Viva Mariquin! Perdón, digo ¡Putin!